Al salir del caserío de Broto hacia Oto, cruzamos el barranco del Sorrosal dejando a nuestra derecha el bonito puente medieval que permitió en tiempos vadearlo (Imagen 1).
Poca distancia aguas arriba del mismo, una increíble cascada lo desploma desde el interior de los estratos rocosos convulsamente ondulados por fuerzas telúricas que propiciaron esta abigarrada geología.
Flisch eocénicos del Gállego que a modo de onduladas páginas de un libro, sirvieron con poco trabajo de maza para obtener abundantes lajas con que fabricar los sillarejos de sus templos y viviendas.
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El interior del templo, totalmente rehecho, muestra un espacio funcional y útil, a la vez que mantiene recuerdo de los elementos arcaicos que debieron ser: arcos fajones sobre pilastras, y cabecera absidal (Imágenes 2 y 4), cuyo leve descentramiento al norte, podría indicar que al menos una parte de la misma se reutilizó del templo primitivo (?).
La pila bautismal original del templo se encuentra al lado norte de la cabecera de la nave. Es una semiesfera monolítica vaciada, de tosca factura (Imagen 3).
La imagen 4 muestra el interior del ventanal oeste del primer cuerpo, y a continuación una imagen del interior de la planta baja hacia su acceso norte actual.
En el otoño de 2004, cuando las hojas cambian de color y dan una belleza increíble al lugar poco antes de caer, acompañé en su último viaje a un amigo, sabio por cuanto viejo, con el que compartí mesa y mantel y charradas ante deliciosas rodajas de chorizo de jabalí mientras hablábamos de todo y de nada. Del tiempo y de los hijos, del río y de las truchas, de los valles, de las vacas... Antonio Villacampa. Su mujer, Balbina -de Buisán- partió ya hace varios inviernos. Queda en los que fuimos sus amigos la memoria.
Para reponer fuerzas, poco antes de llegar al pueblo a la izquierda, hay un restaurante: "El Mirador", regentado por sus descendientes; en el que merece la pena parar.