Los motivos
geométricos de líneas que se enrollan en su porción
superior, a modo de báculos, o decoración a base de piñas;
como se aprecia en las imágenes 1 y 2, son frecuentes en los
capiteles de este claustro. A continuación ofrezco una selección
de los mismos.
Pero su belleza
hay que apreciarla allí, en el claustro. Si puedes, escápate
y recórrelo con calma. Sin prisas. En sosiego. Siente las viejas
piedras. Siente sus mensajes escritos basados en la esperanza de un nuevo
amanecer con Lucifer como promesa de resurrección.
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En el capitel
de la imagen 4, se inscribió un epígrafe funerario. Cualquier lugar del
claustro era bueno para recordar a los miembros desaparecidos de la comunidad.
Muros, ábacos, zapatas, capiteles, dovelas... todos ellos los reciben,
y dan idea de lo numerosa que debió de ser la misma.
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Motivo predominante
es el báculo, en ocasiones sencillo y otra trazado con varias líneas
paralelas. Símbolo episcopal y atributo del maestro, del iniciado
o del augur o pontífice. Nexo de unión entre el mundo y el
plano superior o celestial y símbolo de quien ostenta el poder.
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Adosada al
norte del claustro, hay una alargada sala con bóveda de medio cañón
apuntado, sustentada por tres fajones que apean en grandes ménsulas
en el espesor del muro, al estilo cisterciense. Es lo que fuera refectorio
monástico. Más tarde sería utilizado como biblioteca
y pequeño museo donde se mostraban bellas piezas de arte, hasta el
aciago desmán llevado a cabo por Erick "El Belga".
En la actualidad
ha retomado su antigua función; pero no para alimentar a los monjes
sino a peregrinos y turistas que hasta aquí llegamos.
En el muro
este, se conservan pinturas murales bastante deterioradas en las que se
puede distinguir con claridad una escena del descendimiento de Cristo de
la Cruz. Sus trazos nos llevan a un momento avanzado de transición
románico-gótica; probablemente ya en el XIV.
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No hay que
dejar pasar la ocasión de reponer fuerzas entre sus muros. La carta
es surtida y los precios son bastante equilibrados. Aporta el placer de
formar parte, aunque solo sea por unos instantes, de la todavía viva
dinámica de este viejo templo. Alberto gestiona el sitio y prepara
unos deliciosos menús. Merece la pena.
(Sopa,
conejo a la brasa, cerveza, agua, cuajada y café: 13,80 €; el día
28 de Diciembre de 2002. (En 2010 el menú del día anda alrededor
de los 18 €.)
En
temporada alta, dado lo reducido del local, puede ser difícil tener
sitio y es recomendable reservarlo con anterioridad: 974 544 545 y 974 544
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