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Desde lo alto de la escalera de piedra que da acceso a la torre del homenaje, se puede apreciar con claridad el perfil del claustro románico, aquél que Aramendía describe en su obra así:
"En el interior del recinto había un claustro y sobreclaustro que comunicaba con las dependencias abaciales y canonicales. Desde él se pasaba a otro claustro más pequeño, posiblemente románico que centraba los departamentos del monasterio primitivo: sala capitular, refectorio y dormitorio. Un tercer claustro introducía en las dependencias más modernas del conjunto, la biblioteca entre ellas".
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Este perfil claustral ha de corresponder al primitivo románico, adosado al muro sur del templo, y con comunicación directa al mismo. Quedan vestigios del mismo, además, en el Museo Provincial de Huesca, en forma de bello capitel esculpido.
En el interior del espacio claustral, se advierte una rejilla. A través de la misma puede adivinarse una amplia sala abovedada, quizá aljibe del templo. Ya lo he comentado en otro lugar; pero insisto en ello: casi todo el terreno que se recorre a pie llano dentro del recinto, parece estar "ganado" al nivel original del cerro, coincidente con el arranque de las murallas. Por debajo del mismo, aguardan pacientemente sorpresas a ser rescatadas del olvido. Esta cámara hipogea, así como las otras adosadas a las murallas y cubiertas con rejas metálicas, lo presagian.
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Hay una curiosa estructura poco al noreste del castillo, situada en un plano ligeramente inferior al mismo (Imagen 3). Dista de la muralla unos 40 metros. Es de sección cuadrada y sus lados miden alrededor de 7 metros al exterior, siendo el espesor de sus muros de casi dos metros.
Está edificada con grandes bloques de buena arenisca, bien labrados escuadrados y asentados que no presentan marcas de cantería. Dos contrafuertes que parecen añadidos enmarcan en su lado norte la parte superior de un gran vano de medio punto dovelado (Imágenes 3, 7 y 8). En su lado este queda el vestigio de lo que parece una gran ventana aspillerada (Imagen 9)
Lo que llama la atención y despista cuando se visita por primera vez es el hecho de que toda su superficie interior está recubierta por muro de ladrillo que le aporta ese color rojizo que se advierte en la imagen 6.
Creo que se trata del arranque de una torre albarrana, dependiente del castillo, y probablemente de mayor antigüedad que la mayoría de sus estructuras, reutilizada como horno de alfarero en el devenir de la larga vida del monasterio. El vano de la imagen 8, se halla parcialmente cegado, conformando el horno, mientras que el interior de la torre, convenientemente revestido de ladrillo refractario cumplió las funciones de cámara donde calentar la cerámica elaborada.
El espesor del muro de sillares sobrepasa bastante el metro, y con el añadido de ladrillo, alcanza los dos metros. En la imagen 9, del interior del lienzo este, se advierte perfectamente el espesor del muro pétreo y el de ladrillo. En esa zona, se halla el arranque de un vano aspillerado, que probablemente, dado el hecho de estar ataludado el terreno hasta el mismo, se usase como acceso para la carga del horno.
Y también hay restos de habitaciones en la ladera que mira al sur del cerro. Vestigios de una población en torno a este cerro-testigo, que a buen seguro, dada la proximidad al cauce del río Flumen se ha de remontar a periodos mucho anteriores al que estamos considerando por el castillo de la toma de Huesca.
Un estudio arqueológico en profundidad puede aportar muchos datos, y quizá consolidar una atractiva e interesante zona histórica a escasos cinco kilómetros de Huesca.
Dada la creciente sensibilidad de nuestros políticos en este sentido y la tenacidad de mis "Amigos del Castillo de Montearagón", así lo deseo espero.
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