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El día que visité el lugar (1 de Julio de 2002), al maniobrar para encarar la calle de acceso a la iglesia, caí en lo que llaman "trampa para turistas", pues ya hemos caído varios.
Un amable constructor de la localidad, con un toro mecánico de su propiedad, me sacó del aprieto sin más daños que en el amor propio. Desde aquí se lo agradezco. ¡Lo que no me pasa en trochas y veredas, me ocurre en asfalto!. Entre el susto, y que era la hora de la siesta, no me quedaron ganas de llamar a puertas para ver lo que apunto.
Será motivo para volver.
El 30 de Septiembre de 2002, acompañando a José Luis Aramendía; volví a Castilliscar.
El interior del templo muestra una nave Cisterciense, sobria, de bóveda apuntada y fajones apeados en pilastras. Un coro en piedra a los pies (Imágenes 8 y 9).
La mesa del altar es el indescriptible sarcófago paleocristiano hallado en las inmediaciones del pueblo (Imagen 10). Realizado en mármol, está decorado en su frontal con una escena en bajorrelieve de fuerte estilo oriental. Su estado de conservación es magnífico. Es difícil de describir. Hay que ir y disfrutar en sosiego de su contemplación.
Viendo piezas como esta; realizadas mil años antes de las de la época que estamos recorriendo; uno se pregunta cómo pudo degenerar tanto el arte. Las escenas de los más bellos capiteles no alcanzan ni de lejos esta pureza de formas; mientras que el estilo de la mayoría es de sencilla rudeza. ¿Se olvidó el arte, se acabaron los artistas, o era una forma intencionada de expresión...?.
Al interior de la sala elevada sobre la explanada encima de la iglesia, queda una dependencia del antiguo castillo que dio nombre al pueblo. Es una estancia abovedada con medio cañón apuntado y reforzada con dos fajones apeados en grandes ménsulas de estilo cisterciense.
En el muro de cierre occidental, las figuras de un precioso calvario románico ( la figura de la derecha; en teoría San Juan, no es de la época). (Imágenes 12 a 15)
El Cristo de serena expresión, parece durmiente; mientras que la talla estilizada de la Virgen, a nuestra izquierda, con su mano izquierda apoyada en la mejilla; es la talla románica con expresión más serena y dulce de entre las que he visto (Imagen 16). Le ocurre un poco como al Cristo del Perdón de Sos; que sus rasgos infantiles dulcifican y hacen atractiva su expresión.
Las personas que se ocupan hoy día del "marketing" saben bien que un condicionante innato de nuestra especie es el inhibir la agresividad ante rasgos infantiles; a la vez que se despiertan sentimientos de ternura en lo más hondo de nuestro paleocortex cerebral. Un dibujo animado con rasgos infantiles: grandes ojos, boca y nariz pequeña, rostro ovalado... desencadena esta reacción inconsciente. ¿Quizá el genial artista que talló esta imagen; y a lo mejor también la de Sos, sabía de esta faceta humana?.
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