El recurso que se han permitido para exponer de forma amena las distintas dependencias y sus respectivas funciones ha sido el de disponer figuras con apariencia de monjes benedictinos desarrollando la actividad que se supone existió en cada una de ellas.
Así, en la imagen grande bajo estas líneas, tres monjes situados ante una mesa con su servicio se hallan en disposición de comer, transmitiendonos la idea de que ese lugar se destinaba a refectorio monástico. Y podemos verlos, tanto de frente, como en visión cenital, cuando paseamos sobre ellos por el techo acristalado (Imagen 1).
A todos los elementos dispuestos entre los restos arqueológicos, tanto los que representan a personas como a utensilios, se les ha dotado de un color blanco, fantasmagórico, transmitiendo a la vez la idea de ser objetos de época distinta a la original a la par que transmiten la sensación de elementos inmateriales; verdaderas ideas que ayudan a comprender funciones que allí fueron.

Además, las grotescas expresiones de los rostros representados nos ayudan a comprender que estamos retrocediendo a otro momento diferente al nuestro. Ni siquiera los personajes se parecen a los de nuestro entorno.
Vemos a un monje descansando en su celda, en cama con dosel y sobrio mobiliario (Imagen 2) o a otro preparando en la botica los remedios necesarios para el día a día (Imagen 3), al panadero afanado en hornear la masa (Imagen 10) o al enfermero atendiendo a un paciente en entrañable y dolorosa escena, que no me resisto a reproducir entera, incluida la imagen de la "mesa de instrumental" (Imágenes 7 a 9). Sin duda ese habitáculo fue la enfermería del monasterio.