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- ARTO - PARROQUIAL DE SAN MARTÍN (Cont.) - |
Pude contemplar en mi visita de 2 de Mayo de 2005 el interior del templo gracias a la amabilidad del alcalde de la localidad, quien me acompañó en el recorrido por el mismo. Espacio vacío, recientemente restaurado. Limpio y bien cuidado y que en algunas ocasiones incluso debe de servir al primer fin al que fue creado.
En la actualidad apreciamos un espacio de nave única, orientada y rematada a levanto por cilindro absidal centrado por ventanal levemente derramado al interior. Por delante un corto tramo a modo de presbiterio cubierto con medio cañón e imposta biselada interpuesta.
Y hacia la nave, tres tramos separados entre si por dos parejas de pilastras adosadas sobre las que vuelan fajones que han sido dejados "al aire" bajo el tejado de madera a dos aguas. Los dichos fajones señalan dónde estuvo en un tiempo su bóveda.
A los lados, en el espesor de sus muros, cuatro capillas laterales de hechura moderna, y una quinta, más pequeña, a los pies del muro norte frente a la puerta de entrada.
La bóveda absidal, encalada y rebajada, es a buen seguro rehecha.
Hasta aquí lo que se encuentra al primer vistazo; pero mirando más detenidamente podemos intuir más de lo que vemos o se nos cuenta. A ambos lados del cilindro absidal, se aprecian los arranques de las embocaduras de lo que debieron ser ábsides laterales de una primitiva planta de tres naves (Imágenes 1 y 3). Incluso el espacio bajo la torre, que hoy se usa de sacristía, está abovedado por medio cañón, residual a buen seguro del presbiterio del ábside sur (Imagen 10).
Y el ventanal que veíamos al exterior del muro sur, aparece al interior con el mismo aspecto arcaico y un descarado perfil de herradura en su medio punto (Imágenes 6 a 8), evocando los vistos en San Bartolomé de Gavín, Yésero o Triste (todos ellos en sus torres).
Por fin a los pies, una tosca pila bautismal que por lo poco trabajado de su perímetro exterior debió de concebirse para ser soterrada hasta el borde de su vaso (Imagen 9).
En definitiva, un templo arcaico en su origen, que oculta más de lo que muestra; pero que si se sabe mirar, satisface nuestra inquietud de búsqueda de lo ancestral.