
Susín
es una pequeña pueblo en el camino al sobrepuerto de Biescas.
Se alza, casi tocando el cielo, en la orilla izquierda del río
Gállego. Desde allí las vistas del valle de Tena son espectaculares.
Oliván a vista de pájaro puede verse en la imagen
2. Entre ambos núcleos hay en línea recta unos
1200 m. Por la pista la distancia es de 2.700 m.
La
pista, que arranca de Oliván, es de uso restringido, y hay que
solicitar la llave de la barrera en el Ayuntamiento de Biescas.
Su
parroquial dedicada a Santa Eulalia, a pesar de la drástica reforma
del XVII que invirtió la orientación de la iglesia ("rezaban
mirando a Pamplona") y erigió una torre atravesando el ábside,
sigue conservando una interesante cabecera larredense, al modo especial
y excepcional de hacer de los constructores de Serrablo (Ver
planta).
Parte
de la techumbre de la nave se hundió pocos días antes
de mi primera visita -4.Junio.2001- y aparecía cubierta
por una lona.
La
siguiente vez que subí a Susín (26-Junio-2002) ya habían
arreglado la techumbre y además colocaron una flamante cerradura
en la puerta del templo. Las llaves las guarda la única habitante
de este lugar, Angelines Villacampa Pregunta por ella. Te lo mostrará
convencida de que allí están sus raíces y de que
es necesaria la ayuda de todos para que el lugar no desaparezca ni del
mapa ni del pensamiento de las gentes. Angelines es sin duda el alma
de Susín.
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Poco antes de llegar al caserío
hay una anchurita en la pista donde dejar el coche. La artesanal barrera
que encontramos más allá preserva este lugar de los coches.
Apenas son 300 metros y es una delicia caminar sobre la abundante hierba
de esta primavera de 2009. Canta el cuco y los ruiseñores. El
valle y su tráfico quedan tan lejos, al igual que los problemas
del día a día, que franquear esa barrera es como hacer
un paréntesis en nuestra vida a la que luego habremos de regresar.
Desde el camino y entre el arbolado
, ya vislumbramos las casas, el templo, la ermita de la Era.. Parada
y fotografía.
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Otra verja bajo el arco de la imagen
3 es el último hito para sentirnos plenamente inmersos
en le magia de Susín. Asegurada con una alambre, hay que dejarla
otra vez cerrada a nuestro regreso. En la enorme casa de Angelines,
la heráldica y la decoración del balcón de su portal
nos hablan de otros tiempos (Imágenes 4 a 6).
Enfrente a la misma, la herrería, símbolo del poder del
pueblo en su momento, y el hortal donde cultiva flores y verduras.
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Más allá un delicioso
camino que conduce al templo. Senda cubierta de alfombra de hierba y
encorsetada entre sendas tapias de lajas de piedra. Al final, altiva,
Santa Eulalia de Susín, tan excepcional, bella y enigmática
como siempre imaginé.
Acercate despacito. No corras por esas
sendas milenarias. Para y respira el aroma del pasado. Escucha el sonido
de la naturaleza. Haz un millón de fotos que mañana, inmerso
en el día a día, te recuerden que hay un lugar allá
arriba cerca del cielo sin duda bello que necesita que te acuerdes de
él.
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