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Los capiteles a ambos lados de la imagen 1 que encabeza la página, corresponden a dos momentos de la matanza de los Santos Inocentes; episodio al que se dedica notable atención en esta escenografía; pues aún hay un tercer y cuarto capiteles, a continuación con motivos alusivos al hecho.
Destacan los cuidados y bellos ábacos, que se continúan en las columnas adosadas en las que debieron de apear nervaduras de bóveda; como en San Gil de Luna.
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El ciclo se inicia en el lado norte del arquillo central del ábside (Imagen 2). Herodes sentado en su trono se mesa la barba con su diestra, mientras sujeta el manto con la otra mano mientras contempla cómo el soldado del otro lado de la cesta, descabeza a espada a una pequeña figura en el ángulo del capitel. Esa figura, de niño, está deteriorada, habiendo desaparecido cabeza y mano del soldado; pero se comprende bien su simbolismo (Imágenes 3 y 4).
Al otro lado del arquillo continúa la alusión a la matanza de los inocentes con las murallas de una ciudad por cuya puerta asoman amontonados cuerpos desnudos de niños decapitados mientras que en el lado frontal de la cesta un soldado sostiene cabeza abajo a un niño al que da muerte a espada (Imágenes 5 a 7),
A continuación, en el siguiente arquillo vemos otra escena del mismo episodio: un soldado arrebatando al niño que porta una mujer bajo su brazo (Imágenes 9 a 11), mientras una segunda mujer muestra su desesperación con un gesto tan expresivo, que a pesar del hieratismo románico de la figura, transmite una emotividad impropia de este momento (Imagen 8). La policromía restante, en especial la que resalta los ojos, aumentan la belleza y expresividad del hecho descrito.
Un par de detalles más: las vestiduras muestran los cuidados pliegues que el artista realiza con elegancia y el soldado luce una calvicie hipocrática que lo hace ya próximo a su licencia.
Al otro lado del arquillo hay una escena en que un personaje sentado tras lo que aparenta mesa de elaborado mantel es asesorado por un demonio alado y de rasgos embrutecidos mientras al otro lado un segundo personaje se espanta al ver la escena.
No había captado la profundidad de la escena mostrada hasta haber repetido las fotografías y examinado con detenimiento y sin prejuicios los detalles recogidos.
En primer lugar, la mesa, no es una mesa, sino la cama en la que la Virgen ha dado a luz a Cristo. Son los mismos pliegues y el mismo almohadón. Solo hay que compararla con la imagen correspondiente. El sujeto, asesorado por el demonio, lleva un cuchillo en la mano y es evidente que busca al Recién Nacido para matarlo según ha ordenado Herodes.
Al otro lado de la escena, la figura que contempla horrorizado lo que va a ocurrir es San José. Y todo ello compone su milagrosa premonición de la inminente matanza... La consecuencia lógica la encontramos en el siguiente capitel: La huida a Egipto.
Este capitel de la huida a Egipto es delicioso en todos sus aspectos. Labra impecable, restos de policromía que lo realzan, pliegues de los mantos... Una escena llena de movilidad, fuerza y expresión del hecho a relatar.
María sentada de lado sobre el borriquillo lleva en sus brazos a Jesús. Su toca ha sido delicadamente cincelada. Y la expresión es de serenidad. No hay miedo ni duda en su semblante. Cristo va con Ella. Y sabe. Transmite la elegancia y sosiego de quien conoce y está por encima de la circunstancia (Imágenes 15 y 17).
El pollino muestra una forzada posición de su cuello para adaptarlo a la esquina del capitel. Es la única "imperfección" de la escena. Por delante, San José lo lleva del ramal mientras carga al hombro en su bastón lo que aparenta exiguo equipaje (quizá su capa). El pelo y la barba de color rojizos coinciden con lo visto en el anterior capitel donde se interpreta -a mi entender- la premonición de la matanza de los inocentes (imagen 13).