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LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO Webmaster: A. García Omedes - Huesca (España) |
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-CASTILLO DE MONTEARAGÓN- |
UTM 30T 719488 4670453 617 m. |
Sancho Ramírez, Rey de Aragón desde 1063, aunó magistralmente religión y espada, sometiéndose al vasallaje de la Santa Sede, y abriendo su incipiente reino a las corrientes europeístas en lo tocante a liturgia (trocó mozárabe por liturgia romana: Según las Crónicas Pinatenses, "era martes 22 de Marzo de 1071. La hora tercia fue la última mozárabe y la sexta la primera en rito romano. Era segunda semana de Cuaresma, con el Rey y la Corte en el Monasterio de San Juan de la Peña, como solía acostumbrar por estas fechas".) y arte (la expansión del arte "francés" -el románico- se extendió a la vez que sus dominios).
Reconquistada y consolidada la parte montañosa del Alto Aragón, de poca población "infiel"; con una frontera defendida por castillos y asomado a las llanuras oscenses desde el singular enclave de Loarre, planea la toma de Huesca, importante por si misma y como clave en el acceso hacia Zaragoza.
Para ello, ordena edificar una fortaleza desde la que comenzar el asedio. A tal fin, eligió un cerro distante apenas 5 Km. de la ciudad. Allí se erigió el Castillo-abadía de Montearagón.
Asentado el lugar, inició la construcción de su iglesia en 1093, como era norma en las fortalezas religioso-militares a lo largo y ancho del reino-. Fundó un monasterio, confiándolo a canónigos de la orden agustiniana, bajo la dirección del abad Jimeno. Bajo su jurisdicción, Loarre, Siresa y Fanlo.
A la vez que erigía su fortaleza frente a Huesca, exploraba los puntos débiles de la misma para plantear su conquista. Según relata la historia, reconociendo la muralla oscense para decidir su asalto, recibió un certero flechazo de uno de sus defensores. Murió el 4 de junio de 1094.
Sería su hijo Pedro I, el 19 de Noviembre de 1096 quien tomase Huesca, saliendo vencedor de la primera batalla épica contra los sarracenos reforzados por las tropas que Alfonso VI el de Castilla envió en apoyo de estos.
Dicho encuentro se desarrolló en los llanos del Alcoraz, en las afueras de Huesca, siendo derrotado un ejército compuesto por 40.000 hombres (si bien es cierto, que con la ayuda de la aparición sobrenatural del Caballero San Jorge).
Memoria de esta gesta queda en el cuartel inferior izquierdo del escudo oficial de Aragón: las cuatro cabezas de los jefes sarracenos muertos en esta batalla.
(Tengo yo mis pálpitos acerca de la "idoneidad política" actual de esta simbología; cuando el respeto versallesco hacia minorías étnicas prima incluso sobre la historia de nuestro reino.
Desprovisto el escudo de la ciudad recientemente de sus lemas, "políticamente inconvenientes", no sé cuánto tardará "San Jorge matamoros" en ser descabalgado y recluido en algún inaccesible estante de biblioteca pública, acompañando al mencionado cuartel.)
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Se accede al castillo saliendo de Huesca por la N-240 dirección Barbastro, y tomando el desvío a la izquierda, hacia el pueblo de Quicena, desde donde sale una pista asfaltada que bordeando una urbanización conduce al mismo.
He de advertir que lo bello del castillo es su estampa a lo lejos (Imagen 1), todavía acechando Huesca, las vistas de la hoya de que desde el mismo se contemplan y el sentimiento interior de saber cómo desde allí se fraguó la historia... Porque del castillo románico, queda muy poco. Y lo poco que queda ha sido abandonado a su suerte durante largo tiempo.
La exclaustración de 1835 y el devastador incendio que sufrió diez años más tarde, lo redujeron a las ruinas que hoy son.
El que fuera panteón real -pues allí fue enterrado Alfonso I "El Batallador" (actualmente en San Pedro el Viejo de Huesca, frente a su hermano y sucesor Ramiro II)- es hoy una estampa de postal, "de lejos".
Tiene su perímetro amurallado una forma de hexágono irregular (ver planta)con la iglesia adosada y formando parte mediante su muro norte de la muralla (Imagen 10). La puerta principal de acceso al recinto defensivo se situaba hacia la mitad del muro sur, en ángulo de 90º siguiendo el estilo del influjo musulmán, en torno a una torre hoy desaparecida.
La torre albarrana (Imagen 6) se sitúa frente al lienzo sureste del hexágono. Hoy se halla unida a la muralla por medio de un paso elevado desde la misma al recinto edificado sobre una bóveda de medio cañón que transmite la sensación de "puerta" del castillo, sin serlo.
La torre del homenaje, adosada a la cabecera sur de la iglesia, ha dado en ser "torre-campanario" de la misma.
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En el centro del lienzo situado hacia el suroeste, hallamos otra torre, almenada y decorada en lo alto con el escudo del poderoso abad mitrado de Montearagón. (Imágenes 6 y 7)
La imagen 8 muestra el lado noreste de la fortificación, formado por el muro norte de su iglesia, con torreones-contrafuerte adosados a la misma, de inspiración musulmana. En el lienzo que subsiste, junto a la base de la iglesia, una puerta de arco de medio punto (ver imagen ampliada), permitía el acceso al templo de los habitantes establecidos entorno al castillo.
En el Museo Arqueológico de Huesca se guarda un bello capitel procedente de uno de los claustros que hubo en Montearagón (Ver página).
Hay que hacer patente que este castillo-abadía, de hondas raíces en nuestra historia, no está sino comenzado a estudiar y a restaurar. La activa Asociación de Amigos del Castillo de Monteragón, no cejan en luchar por ello, y poco a poco se van obteniendo frutos. El templo, que estaba en situación de ruina, se ha rehabilitado, ofreciendo un digno marco tanto para liturgia como para actuaciones musicales.
Basta asomarse hacia lo profundo desde las rejillas que hay sobre el desaparecido claustro adyacente al muro sur del templo, o deambular (siempre me da un poco de "cosa" hacerlo) sobre el enrejado metálico adosado al interior del lado sur de la muralla, para darse cuenta de que hay un importante resto histórico colmatado en todo el recinto interior del castillo. Su excavación arqueológica, previa a la restauración de los elementos que aparezcan así como la adecuada infraestructura para hacerlos visitables pueden hacer de este lugar tremendamente atractivo.
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