LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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- LOS BIENES DE LA FRANJA-

 


A VUELTAS CON LOS OBISPADOS DE RODA, HUESCA, BARBASTRO Y LÉRIDA

(Jose Luis Aramendía Alfranca)

 


 

 A vueltas con los obispados de Roda, Huesca, Barbastro y Lérida

Una nueva decisión del Vaticano sobre la ubicación de las obras artísticas que habían sido objeto de culto en las iglesias de la Ribagorza, da la razón al obispado de Barbastro que bien es verdad, sin mucho empuje ni interés deseaba su vuelta a la diócesis aragonesa.


No es la primera vez que algo parecido ocurre y no solo entre obispados de diferentes regiones españolas, sino incluso también, entre los obispos de la misma provincia, olvidando que la Iglesia Católica es una y universal y, que los bienes de las iglesias de Aragón, Cataluña, Francia o China, son propiedad de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la cual puede situarlos donde quiera; únicamente podría tener dificultades si intentase llevárselas fuera del territorio español ya que la Ley del Patrimonio española lo impide. Debemos recordar aquí, que gracias a la ceguera caciquil y a la desconfianza entre las autoridades civiles y eclesiásticas, Aragón no la tuvo hasta el 10 de marzo de 1.999, fecha posterior al traslado de las piezas aragonesas a Lérida. Es decir: que nuestras autoridades civiles no tienen vela en éste entierro, al regir en Aragón la ley española que permitía el traslado de obras de arte dentro del territorio español del que, al menos entonces, ambas regiones formaban parte. Queda pues reducido el problema a un simple litigio entre dos obispos y un caso de desobediencia de uno de ellos al Papa. ¿Se declara cismático el obispo que no reconoce la autoridad del Vaticano?.
Recordaremos ahora antecedentes históricos de hechos similares y los métodos seguidos por Roma para zanjarlos.


Fue entre los años 1.100 y 1.102, (hay cierta discrepancia entre los historiadores) que tomada a los moros la ciudad de Barbastro por Pedro I de Aragón, se dispuso el traslado a ella de la sede de Roda cuyo obispo Poncio ya como obispo de Barbastro, tuvo que enfrentarse a la pretensión del obispo de Urgel; San Odón, que consideraba como pertenecientes a su diócesis la de Roda y algunas parroquias integradas en ella. San Odón se dirigió al Papa Urbano II para que le confirmará la certeza de su pretensión, pero muy al contrario, Urbano II dio la razón al obispo de Barbastro amonestando seriamente al obispo de Urgel y ordenándole "que deje gozar pacíficamente a Poncio, de todo lo que él y sus predecesores habían tenido por espacio de treinta o cuarenta años"


Muerto Poncio en 1.104 y nombrado como sucesor y nuevo obispo San Ramón, hombre según sus hagiógrafos de extraordinaria paciencia, decidió San Odón tomar por la fuerza lo que no pudo hacer por derecho. San Ramón informó al Papa Pascual II que ordenó a San Odón "dejase al obispo de Barbastro, en posesión pacifica de todo aquello que los Romanos Pontífices habían asignado a su diócesis".
No parece que esta carta fuese atendida por San Odón que continuó ocupando las iglesias usurpadas. Citados ambos obispos ante el Sumo Pontífice y nuevamente recriminado San Odón por Pascual II, este, finalmente, consintió en restituir a San Ramón las iglesias que le había arrebatado, quedando momentáneamente zanjado el problema y devolviendo a San Ramón una paz que no iba a durar mucho, pues Esteban, obispo de Huesca, decidió unir a su obispado la ciudad y territorio de Barbastro, presentándose ante ella con un grupo de gente armada, que sacando a San Ramón de su iglesia en donde se había refugiado, fue expulsado de la ciudad y saqueado el palacio episcopal.


Enterado de todo Pascual II, escribió dos cartas; una conminando al rey Alfonso I a que hiciese respetar la división de límites hecha por su padre y su hermano de los obispados de Huesca y Barbastro y otra al obispo Esteban, recriminándole el trato dado a San Ramón y ordenándole "que restituya y de satisfacción de todo al obispo de Barbastro, y de no hacerlo así en el término de dos meses, le suspende de los oficios episcopal y sacerdotal, hasta que lo cumpla y ejecute."
No debió de ablandar este mensaje el ánimo del obispo de Huesca, que siguió en sus trece y motivó que a los dos meses, quedase suspendido de los oficios indicados en ella.


El Papa Calixto II, sucesor de Pascual II tras Gelasio II que no llego a pontificar un año, en la Sede de San Pedro, volvió a recriminar y ordenar al díscolo obispo Esteban, reponer en su Sede al obispo de Barbastro y presentarse ante él en el concilio de Auvernia que pensaba convocar en breve. El obispo de Huesca, ni cumplió el mandato ni acudió al concilio, siendo excomulgado por Calixto II, ordenándole al mismo tiempo se presentase ante él. Volvió el obispo Esteban a desobedecer en mandato del Papa, lo que le valió otra pena de excomunión. Finalmente, aconsejado por los obispos de Pamplona y Lescar, decidió presentarse en Roma ante el Papa Honorio II y aceptar la devolución de los bienes muebles sacados de Roda a cambio del levantamiento de las censuras lanzadas contra él. Conseguido esto volvió a Huesca y cumplió su palabra, pero retuvo los bienes inmuebles de Barbastro y demás pueblos hasta el Cinca, muriendo cuatro años después.


Impresionado Alfonso I de Aragón por los milagros que San Ramón hacía y posiblemente arrepentido de su comportamiento, ordenó la devolución de la iglesia de Barbastro, no a San Ramón muerto en ésas fechas, sino a su sucesor en el obispado de Roda Pedro Guillelmo.
En 1.149 la sede de Roda fue trasladada a Lérida en manos ya de los cristianos, llevándose su último obispo casi todos los objetos de culto de la catedral de Roda.
En el primer cuarto del siglo XVII, nuevamente fue conminado el obispo de Lérida; Pedro Antón Serra, a devolver a la iglesia rotense las reliquias y sepulcros de San Ramón y San Valero, con amenaza de suspensión a divinis, pena similar a la excomunión de los fieles, si no cumplía el mandato de Roma.
Ignoro si se llego a llevar a efecto la amenaza, pero lo cierto es que hoy, ambos sepulcros, están en la catedral de Roda de Isábena.

 

Siguen las vueltas entre Barbastro y Lérida.

Actualmente, otro pleito eclesiástico empaña las buenas relaciones entre las diócesis de Barbastro y Lérida, por los bienes que pertenecieron a pueblos de la demarcación del obispado de Lérida, hasta que en el año 1.995 pasaron a la de Barbastro.


Personalmente siempre he tenido muy claro que los bienes citados deberían volver a sus lugares de origen, mas aun, cuando la Iglesia de Roma, única y universal así lo ha decidido en diferentes sentencias de los tribunales Vaticanos, y estoy plenamente confiado en que así lo hará el obispo de Lérida, o siguiendo la práctica ya utilizada en anteriores ocasiones, nombrará un obispo administrador de la diócesis y enviará al obispo titular a alguna misión especial durante el tiempo necesario para que se cumplan los deseos de Roma.


De cualquier forma, no todos los bienes volverán, algunos fueron comprados legalmente por el Museo Nacional de Arte de Barcelona, o abandonados, o regalados, o despreciados por las autoridades aragonesas.
Los agradables desayunos que en Barbastro mantenía con don Manuel Iglesias Costa cuando mis correrías románicas por el Pirineo me lo permitían, que eran todas las que dedicaba a la Ribagorza y Sobrarbe, me permitieron conocer muchos aspectos del litigio, conocimientos de los que no dudo en absoluto por la honestidad y enorme sabiduría de don Manuel, que fue mi guía en la localización de los pueblos con restos románicos, cuando empezaba mi obra e iba como un pulpo en un garaje.
Entre las primeras citaré como ejemplo el retablo de la iglesia del monasterio de Sigena, maravilla gótica, que fue legalmente vendida al citado museo de Barcelona y que solo comprándoselo a la Generalidad, que dudo lo vendiese, podría volver a su lugar de origen. También del mismo monasterio hay obras de arte en Barcelona, legalmente permutadas a las monjas por un nuevo monasterio que el gobierno catalán les construyó en Barcelona. ¿No tenía dinero suficiente el gobierno de Aragón para adelantarse al de Cataluña?.


Pero aun mas sangrante lo ocurrido con las pinturas al fresco de la Sala Capitular de Sigena.
En agosto de 1.936, el monasterio de Sigena fue incendiado, ardiendo hasta que se consumió, sin que nadie, de ningún pueblo, ni de ninguna institución, se tomasen la menor molestia en apagarlo.
No ardió todo; hay constancia de que varias piezas artísticas de cierta importancia se salvaron de la quema. Se pretendió hacer un museo, pero la idea no fraguo y las piezas de arte jamás aparecieron.


En el año 1.948, siendo Juan Ainaut de Lasarte, director del Museo de Arte de Cataluña, consideró que la importancia de tales pinturas era clave para el estudio de la transición del románico al gótico y que de ninguna manera debían de perderse. Ofreció a las autoridades competentes, o mejor dicho incompetentes, la restauración "in situ" de las mismas, aportando el museo los materiales necesarios y los técnicos restauradores, debiendo correr la Diputación con los gastos de manutención y posada de los trabajadores mientras durasen las obras. Las autoridades aragonesas no aceptaron el trato y entonces, Ainaut de Lasarte, pidió permiso para restaurarlas en Barcelona y dejarlas en su museo. Nadie tuvo inconveniente y las pinturas del refectorio de Sigena, consideradas sin valor y desechables por las autoridades artísticas aragonesas, fueron arrancadas, restauradas, y colocadas en el citado museo catalán, donde pueden admirarse hoy. Sin duda que nuestras autoridades se sentirían satisfechas de que los catalanes hubiesen limpiado unas paredes chamuscadas.


Posteriormente, en 1.983, fue comprado por la Generalitat de Barcelona un lote de bienes muebles por el que pago 10.000.000 de Pts. Otra venta, en 1.992, supuso para la Generalitat de Barcelona el desembolso de 25.000.000 de Pts. y finalmente otra entre los años 1.992 y 1.994, por la que pagó 15.000.000 de Pts. terminaron con el patrimonio del monasterio de Sigena. Ningún organismo aragonés tenía dinero para hacerlo. Hoy, para que dichos bienes vuelvan a Aragón tendríamos que comprarlos y dudo mucho que la Generalitat quiera venderlos. Estos bienes los tiene en propiedad y no en depósito.
Otra cosa son los bienes de las parroquias de los pueblos que pertenecieron hasta 1.995 a la diócesis de Lérida que sí los tiene en depósito. Esos, mal le pese al obispo de Lérida, tendrán que volver a la sede de Barbastro, por deseo de la Iglesia de Roma que es su única propietaria. Y recuerdo que la Iglesia Católica es una y universal.

José Luis Aramendía
D.N.I. 17.247.571-D


Octubre 2007.

 


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