LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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MODELOS CLÁSICOS PARA LA ESCULTURA DE JACA: RITOS DIONISÍACOS Y ORGIÁSTICOS. SÁTIROS Y MÉNADES


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Hermosos dioses desnudos. Leones y serpientes. Sátiros, faunos y ménades. Música creada con lira, aulos y pandero. Erotes cabalgando leones. Sensual y sonoro rito orgiástico que a través de la música, del vino y del sexo rinde culto al dios Dioniso. Hablamos de escenas clásicas, acaso atrevidas para nuestra moral victoriana pero que en su momento fueron aceptadas como normales por personas de elevada cultura y capacidad económica que las hicieron esculpir en sarcófagos destinados a su reposo eterno.

La escena con la que abro pagina es interactiva, como muchas de las de este trabajo (Imagen 1). Colocando sobre ellas el cursor se muestra la pieza sin colorear o viceversa. Esta es parte del frontal de un sarcófago de mármol datado entre los años 110-130 de nuestra era. Mide 205 cm de longitud y 74 de altura. Procede de la tumba de Cecilia Metela en la Vía Appia de Roma y se expone en el Altes Museum de Berlín y la imagen original es de "Ophelia2", divulgada a través de "Wikimedia Commons"

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Ménades y sátiros de cuerpos perfectos participando en ritos extásicos sonando aulós y pandero, acompañados por leones y portando bastones denominados "tirsos" ornados con lazos y rematados en piñas. Bastones como elementos fálicos potenciando la sensualidad de las escenas dionisíacas como en esta imagen datada hacia el año 100 de nuestra era, procedente de la Villa Quintiliana de la Vía Appia que en la actualidad se halla en el British Museum (Fotografía de Yair Haklai) (Imagen 2)

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Hago esta necesaria introducción evocando las procesiones dionisíacas y los ritos orgiásticos porque sin ellos no se entiende el modelo en el que se inspiraron los escultores de la catedral de Jaca, tanto el "maestro de Jaca", que recogerá las ideas de aquél llegado de tierra de Campos, magistralmente intuido por Serafín Moralejo y definido por Prado-Vilar como "Maestro de Orestes-Caín", y las incorporará a su potente corpus iconográfico inspirado en los ritos dionisíacos clásicos.

Solo así es posible comprender escenas tan abigarradas como la del capitel mostrado en las imágenes 3 y 4, adosado al muro de poniente entre las naves central y sur del interior de la seo jaquesa. Tan solo comprendiendo la belleza clásica de los ritos orgiásticos entenderemos la composición de las esculturas de su cesta en la que leones, sueltos o llevados con correa, personajes desnudos o velados con vestimentas clásicas alguno portando serpiente en sus manos, se nos muestran en ordenada e incomprensible apretura interactuando entre si y con las bestias.

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La idea sin duda fue tomada por el Maestro de Jaca desde la iconografía clásica plasmada en sarcófagos romanos abundantes en la Roma imperial y en sus provincias. Los talleres romanos labraron en serie numerosas piezas que bien pudieron ser conocidas directamente o a través de dibujos o cartulinas que los escultores románicos tomaron del natural para más tarde en el taller ser proyectadas a los capiteles adaptándolas a las nuevas historias que debían de narrar, pero no por ello perdiendo la frescura y la originalidad de la obra primera a la cual -una vez conocida- remiten.

También ese es el origen de la repetidas cabezas de leones de gran tamaño que aparecen en los ángulos de los capiteles bajo las volutas y que tienen su modelo en sarcófagos como el mostrado en la imagen 5 de alrededor del año 210 de la era exhibido en el museo Puskin de Moscú (foto: Shakko). Grandes caras leoninas, a veces con argollas en sus fauces que llevadas a los capiteles van a decorar sus ángulos constituyendo a partir de este elemento símbolos no solo decorativos, sino también elementos de los que surgirán aves, frondes vegetales o telas que adornarán las cestas de los capiteles románicos. Cabezas de leones que en algunas piezas aparecerán con sus fauces exageradamente abiertas por personajes que con sus manos las amplían.

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Tíasos dionisíacos, procesiones orgiásticas llenas de sensualidad vino y excesos, entremezclando lo real con lo imaginario, lo divino con lo humano, la mitología con los deseos subyacentes del ser humano de placer, éxtasis y trascendencia. Pequeños sátiros asomando entre la abundante vegetación con que en ocasiones el artista cubre la cesta de los capiteles sin que falten alusiones a los leones o a las aves de ese mundo vegetal que componen el escenario para las bacanales divinas (Imagen 6).

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Tíasos en su acepción más antigua y extendida, la dionisíaca, que deja también espacio para los tiasos marinos cuya deliciosa representación vemos en la escena de la imagen 7 mostrando la esencia del ilícito encuentro entre Afrodita y Ares, sincretizado como tentación demoníaca por medio de la música, el erotismo y la belleza venérea. Representación de la tentación o del pecado original en versión clásica, dado que en Jaca -inspirada en modelos clásicos- no existe la versión bíblica del árbol y la serpiente, como ya ocurre en Loarre o en Frómista.

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Múltiples capiteles en la catedral muestran tan solo vegetación. Definen el escenario de esas procesiones dionisíacas explicitadas en algunas cestas, con piñas como en los tirsos, y en ocasiones con pequeña serpiente asomando de entre la maleza en recuerdo de que todos forman una idea unitaria y clásica (Imágenes 8 y 9).

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Y por si todo esto fuera poco, nos reencontramos con un capitel censurado en el que de nuevo, un maestro que sucede y supera con creces la capacidad escultórica del Maestro de Jaca, labra una pieza magistral y única. Una pieza que por si sola puede sostener, no ya un altar como hasta hace pocas fechas, sino a todo un museo y a muchos investigadores empeñados en su estudio (Imagen 10).

Capitel del sátiro en el que el ambiente vegetal mencionado y los seres mitológicos de sus esquinas dan cobijo a un pequeño y delicioso sátiro que con sus ondulantes formas, como si serpiente fuese, repta por medio de estos elementos plasmado en pleno éxtasis. La idea dionisíaca que fue traída desde los sarcófagos clásicos es de nuevo narrada en uno de sus detalles por un genio de la escultura, que sin duda una vez restaurada y exhibida alcanzará la incuestionable categoría de obra de arte de primera fila a nivel mundial.

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El protagonista es ese pequeño sátiro castigado de cara a la pared para pasar inadvertido por mostrar su desnudez, que Prado-Vilar me señaló ya en 2009 como "un motivo que no tenía fotografiado". Tenía razón. Su castigo lo hizo pasar desapercibido a mi cámara, pero en sabiendo de su existencia lo fotografié y di a conocer a través de esta web, poniendo de manifiesto aspectos del mismo que habían pasado desapercibidos o que acaso no convenía señalar por inconvenientes dada su ubicación. Es evidente que el pequeño sátiro se acaricia su miembro viril lo cual no desentona en absoluto con los ritos orgiásticos que narran otros capiteles de Jaca. Afortunadamente este "pequeño detalle" ha pasado además de censurado, desapercibido y acaso por ello no haya sido repasado por el cincel como ocurrió con el capitel de Frómista.

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Sátiros con tirsos bailando danzas orgiásticas entre la vegetación acompañados de fieras, ménades y dioses. Pequeños seres irreales que decoran un panteón imaginario en el que la belleza se mezcla con los excesos de los sentidos.

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Personajes mitológicos imaginados por el hombre y plasmados por el artista que nos los muestra en abigarrado tropel; en apretados grupos humanos llenos de sensualidad, vida, deseo de placer y trascendencia, nada menos que en el exterior de los sarcófagos destinados a descomponer los cuerpos de quienes acaso creyeron en alcanzar ese destino mítico en otra vida. Germen de trascendencia más allá de la muerte, señalada por los clásicos y reinterpretada por el cristianismo.

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Bacanales, placeres llevados a extremos más allá de lo sensato mezclando realidad y mitología que trascendieron de su origen clásico dando pie en el siglo XI a la escultura románica de Jaca y mucho más allá de la misma, inspirando a artistas como al francés Bouguereau quien a finales del XIX pintase la escena báquica de la imagen 13, o a genios como Picasso que ya en el siglo XX retoma esta idea y la interpreta a su manera (Imagen 14).

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Creo que el origen de la escultura de la catedral de Jaca hay que buscarlo en el mundo clásico. Tiasos dionisíacos, marinos, vegetación, sátiros, ménades, leones, serpientes... todos estos elementos nos encaminan a ello.

Motivos paganos que sin duda se adaptaron a la religión cristiana conservando las formas originales pero añadiéndoles un mensaje diferente, el que conviene a la nueva religión. Así aparecerán en las portadas del templo episodios de clara influencia veterotestamentaria: Moisés y Aarón, (magistralmente identificados por David Simon), Daniel y Habacuc, Balaam en su curiosa relación con el pueblo judío o Abrahám en el duro trance de aceptar el sacrificio de su hijo.

Arte sincretizado Ideas que perduran más allá de los tiempos resurgiendo con fuerza como señalara Aby Barburg. Viejas formas para nuevos ritos y detrás de ellos, entre la vegetación; pequeñita, serpenteante, esa culebrilla que el maestro de Jaca siente como obsesión y reparte generosamente por el templo. Serpiente que no sé bien si representa pecado, penitencia o acaso no sea sino el potente recordatorio del origen de esta escultura: los ritos orgiásticos en plena naturaleza donde ella vive y a la que ella representa.

¡Qué impaciente estoy por ver restaurado y presentado en el Museo Diocesano de Jaca a ese sátiro que tanto va a dar que hablar!

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Huesca;20 de noviembre de 2014

Antonio García Omedes

de la Real Academia de NN. y BB. Artes de San Luis de Zaragoza


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