LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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LA CUEVA SEPULCRAL DE LOARRE


Recientemente he tenido acceso al artículo elaborado por las arqueólogas Mª Victoria Pastor y Diana Vicente sobre la excavación de la cueva loarresa a finales de diciembre de 2007.

La publicación se ha hecho en la revista SALDVIE nº 9, 2009 pp. 335-367 y en ella se da detalle pormenorizado de la excavación, hallazgos, investigaciones sobre los mismos y conclusiones. En el resumen del mismo se dice:

“Este artículo resume la excavación arqueológica realizada en la cueva sepulcral de Loarre (Huesca) dentro de las actuaciones de urgencia del Servicio de Prevención y Protección del Patrimonio Cultural de la Diputación General de Aragón. Se trata de una sepultura de carácter colectivo y acumulativo donde se recogieron restos de al menos 47 individuos, así como diversos materiales de su ajuar funerario. También comprende el estudio de dichos materiales para su localización dentro de un horizonte Neolítico- Calcolítico.”

Por su interés en relación con el Castillo y su entorno, retomo lo que publiqué durante la excavación de la cueva a la vez que ofrezco enlace para descargar el artículo completo:


VISTA GENERAL DEL ENTORNO DE LA CUEVA-SEPULCRO PREHISTÓRICA

Loarre y su entorno no paran de darnos sorpresas. La última -de momento- ha sido el gran hallazgo debido a José Antonio Santolaria, guarda del Castillo que a principios de Noviembre de 2007 descubrió un enterramiento prehistórico en las inmediaciones del mismo.

Escasos cuatrocientos metros separan las murallas del Castillo de la cueva sepulcral en la que gentes que habitaron la sierra hace no menos de seis mil años depositaron allí de manera continuada los restos de los miembros muertos de su grupo.

Sobre un pequeño barranco al lado de la almendrera que se advierte en la imagen, una pequeña cavidad natural fue el lugar que eligieron para depositar a sus muertos en una decisión a mitad de camino entre lo mágico y lo religioso; que ambos fenómenos tienen sin duda puntos en común.

Un pastor ya fallecido, José Lacambra, de casa Garrote le contó hace más de treinta años a José Antonio que en una pequeña cavidad había encontrado huesos ("una canilla") que parecían humanos. Probablemente el pastor en busca de conejos refugiados en el agujero, sacase, en vez de conejo, "canilla".

Y José Antonio, en su inquieto ir y venir por la sierra, recordando esa historia volvió a repetir la maniobra. Al principio solo fue un hueso. Poco material y no muy definitorio. Pero en su interés dio casi a flor de suelo con abundantes restos óseos humanos y algunos elementos de ajuar que demostraron sin lugar a dudas la importancia del lugar como sitio de enterramiento continuado de seres humanos prehistóricos de al menos siete mil años de antigüedad.

LA CUEVA SOBRE UN PEQUEÑO BARRANCOCUEVA EN FASE DE EXCAVACIÓN

La pequeña cueva es poco más que un abrigo abierto al sur y formado por los resquicios que grandes bloques de roca calcárea definieron caprichosamente sobre el curso de un barranco.

Se dio parte a la arqueólogo María José Calvo y al poco tiempo e llevó a cabo una campaña de excavación de urgencia motivada tanto por la situación aparente de la cueva que podía ser expoliada, como por lo importante del hallazgo a tenor de los materiales hallados en prospección superficial.

RESTOS ÓSEOS HALLADOS EN PRIMERA PROSPECCIÓN SUPERFICIALDETALLE DE CRÁNEOS   MANDÍBULASDETALLE DE UNO DE LOS CRÁNEOS

Podemos apreciar, procedentes de la primera prospección superficial, restos de varios cráneos y mandíbulas de individuos de diversas edades. Algunos cráneos tienen sus suturas ya cerradas, abogando por la avanzada edad, que se confirma por la presencia de datos objetivos de patología ósea, como la fusión de las dos primeras vértebras cervicales de uno de los individuos o el hecho de hallar fragmentos de maxilares que han perdido sus molares y ha cicatrizado el hueso.

CRANEO DE ADULTO CON SUTURAS SELLADASFRAGMENTO DE MANDÍBULA CON PÉRDIDA IN VIVO DE MOLARES

Otros individuos debieron de ser muy jóvenes, como atestiguan las imágenes con las muelas del juicio sin salir, y con los incisivos inferiores definitivos todavía sin brotar. Mandíbulas de notable rudeza y formas toscas que hicieron conjeturar acerca de su cronología.

MANDÍBULA DE INDIVÍDUO JUVENILMANDÍBULA DE ELEEMENTO JUVENIL. INCISIVOS DEFINITIVOS SIN BROTAR

Y como elementos de ajuar un cuchillete de sílex, una pequeña concha alargada quizá parte de un collar y un colmillo de jabalí con perforación para ser colgado a modo de adorno. Jabalí que sin duda formaría parte de la dieta de estos primeros cazadores de la sierra de Loarre.

DOS PRIMERAS VÉRTEBRAS CERVICALES SOLDADAS DE INDIVÍDUO DE EDAD AVANZADAMATERIALES DE AJUAR: COLMILLO DE JABALÍ, CUCHILLETE DE SILEX Y DENTALIUM

El tremendo desgaste de las piezas dentarias nos da pistas de su alimentación, en la que sin duda las raíces, con abundancia de tierra actuando como abrasivo serían una de las causas de su deterioro.

CUCHILLETE DE SILEX. ANVERSO Y REVERSOFRAGMENTOS DE MAXILARES SUPERIORES CON ABRASIÓN DE PIEZAS

La semana del 26 al 30 de Noviembre de 2007 las arqueólogas Mariví Pastor y Diana Vicente realizaron una excavación completa de la cavidad que fue sin duda muy fructífera. En una primera impresión, se estimó que allí se depositaron no menos de quince individuos, ateniéndose a los fragmentos de cráneos. Pero entre los huesos había abundancia de restos de niños muy pequeños, lo que elevaría quizá hasta la veintena el número de inhumaciones.

Además algunos otros pocos fragmentos de sílex, varias cuentas de collar perforadas de materias pétreas, un par de plaquitas de hueso perforadas, varias conchas: dentalium y cardium algunas perforadas para su uso como colgantes y algún fragmento de tosca cerámica a mano.

CUEVA ANTES DE LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICACUEVA EN LA FASE MEDIA DE LA EXCAVACIÓN

Los restos óseos aparecieron en la excavación revueltos, como si el sitio hubiera sido utilizado como cementerio estable, depositando allí sucesivamente a sus muertos y recolocando los huesos de los anteriores a lo largo del tiempo.

Toda la tierra de la excavación fue cuidadosamente cribada, recuperando de esta manera las pequeñas cuentas de collar, gran abundancia de piezas dentarias sueltas, así como restos de microfauna.

En alguna ocasión ayudé al cribado y recuperación de materiales y he de dar fe de la penosidad del trabajo en ese lugar sobre el ya apuntado barranco. La excavación cuidadosa y sistemática de la cavidad había por fuerza de hacerse en posturas duras y forzadas.

FONDE DE LA CUEVA, CON RESTOS ÓSEOS AFLORANDOLA ARQUEÓLOGO MARIVÍ PASTOR EN ACCIÓNLA CUEVA YA EXCAVADA

En la actualidad, la cueva ya excavada y vacía de sus moradores permite "acomodarse" en su fondo, y desde el mismo fotografiar la entrada a la misma que tiene el magnífico telón de fondo del castillo de Loarre.

FOTOGRAFÍA DESDE EL FONDO DE LA CUEVA, CON LOARRE AL FONDO

Saber que en esa sierra de Loarre, excepcional atalaya sobre la Hoya, vivieron antepasados nuestros de hace seis mil años, nos hace mirarla a partir de ahora con otros ojos.

Esa sierra y su privilegiada posición fue el lugar elegido para un temprano ritual de enterramiento de gentes que ya sabían aprovechar sus recursos, recoger sus frutos, cazar sus jabalíes. Y que llegado el momento de la muerte, eligieron sitio con inmejorables vistas para depositar a sus seres queridos, quizá en un rito mágico, o por qué no, decididamente religioso.

Cuando ellos andaban por la sierra, en Egipto otros hombres estaban edificando las Pirámides... Da vértigo pensar en ello.

Lugar que enamora, a las pruebas me remito, desde hace no menos de 6.000 años. Más recientemente (1071) enamoró a un Rey de Aragón: Sancho Ramírez gracias a quien disfrutamos del mejor castillo románico del mundo. Y después miles y miles de enamorados suyos nos hemos rendido a la evidencia. Unos anónimos, otros excepcionales, como Syr Ridley Scott que sucumbió a su magia en el invierno de 2003.

Ya solo falta que nuestros políticos se enamoren a su vez y nos apoyen decididamente. Porque falta mucho por hacer. Desde acondicionar todo el acceso hasta acometer la iluminación integral del castillo o planificar campañas sistemáticas de prospección arqueológica, al menos intramuros del recinto fortificado para comprender mejor su historia, y por qué no, esperando alguna otra de las sorpresas con que este amor nuestro nos obsequia de vez en cuando.


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