LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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CAPITEL DEL SÁTIRO EN EL MUSEO DIOCESANO DE JACA


Coincidiendo con la conmemoración del quinto aniversario de la reapertura del Museo Diocesano de Jaca se han recolocado en las dependencias del mismo dos magníficos capiteles que por su situación pasaban desapercibidos. Me refiero a aquellos que sustentaban la mesa del altar del ábside sur de la catedral, función que en la actualidad, tras ser retirados, asumen dos sencillos soportes de piedra.

Las labores de retirada de los capiteles no fueron fáciles dado el peso de las mencionadas piezas próximo a los 150 kilos, el propio peso del ara y la existencia de cementos consolidando estas estructuras

Una vez recuperados fueron trasladados a dependencias de la catedral donde Inmaculada Piedrafita ha llevado a cabo su estudio y restauración. De este modo concluye una etapa más del periplo realizado por estos capiteles desde su labra. En origen estuvieron en el desaparecido claustro catedralicio. Más tarde, gracias a fotografías antiguas, sabemos que el capitel del Sátiro estuvo en la sala refectorio, con ese personaje "emparedado" acaso para ocultar su desnudez. De allí pasó a sustentar la mencionada mesa del altar en dos fases sucesivas: en la primera, alzado sobre un capitel que ahora está en la sala capitular, y con la figura del sátiro colocada hacia el lateral sur del altar.

Más adelante, se retiraron los capiteles de apoyo inferiores siendo sustituidos por basas y columnillas de nueva hechura, momento en el que el Sátiro fue girado y colocado de modo que no pudiera verse sin entrar detrás del altar, situación en que ha permanecido "castigado" hasta su recuperación.

Con los capiteles recuperados y ya en bancada comenzó la paciente labor de estudio, consolidación y restauración a cargo de de Inmaculada Piedrafita.

Poco a poco, con gran delicadeza fue retirando suciedad, cemento, concreciones y suciedades acumuladas durante años en los recovecos de los capiteles hasta dejarlos con el aspecto actual. Sobre la superficie de las figuras del capitel del Sátiro aparecen manchas oscuras que han penetrado en la piedra y que no es posible hacer desaparecer sin deteriorarla. La hipótesis de Inma es que los capiteles estuvieron policromados y que en las zonas de mayor roce desapareció la policromía quedando la piedra expuesta a esa suciedad grasa que ha penetrado en la misma.

A continuación muestro detalle de las cuatro caras del capitel . Centrando la primera de ellas aparece la figura de un león en extraña postura. Exageradamente flexionado su tronco con sus patas delanteras desplegándose. Es una imagen irreal que acaso pretenda sugerir la idea de que el león está surgiendo del centro del capitel, como si se estuviese desplegando o rehaciendo a partir quizá de tan solo su piel (como aparece en las escenas dionisiacas portada por los sátiros)

Centra la siguiente cara una deliciosa criatura alada que emerge entre dos serpenteantes elementos decorativos que llegan a enroscarse con gracia en las volutas. Ave que según el Profesor Prado-Vilar es representación del ave Fénix y que el artista plasmó en ese momento de su renacimiento, transmitiendo al igual que el león, una sensación de esfuerzo por surgir desde el interior del capitel.

La imagen que centraba la siguiente cara del capitel, ha desaparecido. Queda algún vestigio, como una delicada orejita puntiaguda que me lleva a lanzar la hipótesis de que el ser que aquí estuvo debió de ser semejante al que adorna el cimacio de un capitel de la sala capitular (Ver imagen) que comparte detalles técnicos con el capitel del sátiro. Las líneas que definen la cabeza del mencionado ser, se inician en la pieza fracturada de modo semejante al visto en los elementos del cimacio aludido.

Y por fin nuestro ya viejo amigo el Sátiro, también emergiendo del centro del capitel, con sus delicadas formas clásicas redondeadas y mórbidas y su actitud de éxtasis reforzada por la posición de su índice en la comisura de los labios acaso propiciada por el placer de la caricia que él mismo realiza a su miembro viril vuelto hacia atrás entre sus piernas. En principio denominé como "efebo" a este personaje, cosa que me corrigió Prado animándome a que cambiase el apelativo por el de "sátiro". Si se contempla de modo aislado el capitel, podría aceptarse que se tratase de un efebo; pero cuando se pone en contexto con otros capiteles de la catedral, en especial con aquellos en los que la influencia clásica de los thíasos dionisiacos es patente, no queda sino admitir que la opinión de Prado, una vez más es acertada.

¿Qué ideas nos transmite este capitel?. Ya he mencionado la influencia clásica de los thíasos, habilitando al pequeño personaje como sátiro. El modelo tomado del mundo clásico sirve para presentar la idea del renacimiento. El Fénix y el león parecen surgir, desplegándose desde el interior del capitel en forzadas posiciones. Fénix que tras arder renace de sus cenizas, siendo un buen ejemplo para escenificar una vez más el ciclo muerte-resurrección que tantas veces vemos repetido en la simbología sincretizada por el cristianismo.

Durante las labores de restauración, Inma encontró restos de pintura roja original en los labios del león. En muy escasa cantidad, pero sin duda significativa para poder afirmar que en origen el capitel estuvo policromado. Cuando se humedece con hisopo esa zona, como en la imagen presentada, es más patente el vestigio de color.

Dejándome llevar por esa idea de que en origen estuviese policromado el capitel, he añadido color rojo al ave Fénix, así como a los elementos ondulantes que lo flanquean y que acaso representasen el fuego que acaba con ella y del que surge una y otra vez.

Al hilo del Ave Fénix y de su mitología, quiero destacar que los textos cristianos hacen referencia a que vivía en el Paraíso, siendo el único ser que no comió de la fruta prohibida, motivo por el cual se le concede la vida eterna y la facultad de resurgir de sus cenizas una y otra vez. También he leído que de la espada flamígera del ángel que expulsa a Adán y Eva del Paraíso, surgió la chispa que incendió el nido del Fénix.. Si esto se admite, acaso haya que pensar que el capitel de la iglesia de Santo Domingo -que a mi modo de ver muestra la expulsión del Paraíso- estuviese completando un ciclo junto con el del Sátiro.

Otro detalle de interés referente al capitel de Santo Domingo es que en su superficie superior lleva dibujado: "N 7" lo que apunta a que este fuera el capitel siete de un número indeterminado que se numeraron al ser retirados de su lugar original...

Habrá que buscar más capiteles del claustro para ser expuestos en el museo; pero este de Santo Domingo, ya está localizado y creo que debe de ser la próxima pieza a situar en el Museo.

Vamos ahora a tomar en consideración un capitel de la Sala Capitular que considero del mayor interés dado que sus hechuras remiten a técnicas empleadas por el maestro del Sátiro a la vez que enlazan con el modo clásico del maestro de Jaca. En el collarino del capitel en cuestión encontramos una inusual decoración a base de elementos triangulares en relieve coincidentes con los que el Maestro del Sátiro emplea en el pelo del mismo, en las plumas del Fénix o en zonas decorativas de la cesta del capitel. También usa en el collarino una doble incisión a modo de paréntesis, rematando líneas, detalle técnico que repite en el cimacio, y en el capitel de Sátiro.

Ello me lleva a pensar que el Maestro del Sátiro está trabajando en la Sala Capitular en un momento en que la obra de la catedral ya está prácticamente acabada y que su labor se va a centrar en la decoración de esta sala y de algunos de los capiteles claustrales próximos a la misma.

Maestro del Sátiro que debe de coincidir en su labor con el Maestro de Jaca, puesto que en algunos capiteles parecen hibridarse sus formas de trabajo, como puede verse en la composición de la imagen inferior en la que muestro un detalle del capitel del hastial de poniente de Jaca y del existente en la Sala Capitular.

Un inoportuno catarro invernal me privó del placer de poder asistir a la presentación del capitel en el Museo Diocesano, de escuchar a Francisco Prado-Vilar acerca de ese capitel sobre el que tantas opiniones hemos compartido y de saludar a amigos que hace tiempo no veía. Una semana después pude volver, amainada mi fiebre y los rigores de la nieve en la Canal de Berdún para ver la pieza en su nuevo lugar. Sin duda me gusta, aunque en voz baja he de decir que echo de menos tener que gatear bajo la mesa del altar o acceder a la improvisada sala de restauración de Inma Piedrafita. para poder verlo y tomar detalles fotográficos.

He vuelto a discurrir sobre esta deliciosa pieza y he tratado de separar sus componentes para analizarlos por separado y ver si me sugieren nuevas ideas. Me encantan los códigos de colores. En ocasiones me ayudan a ver mejor elementos que de otra forma parecen difuminarse en el conjunto. La imagen superior está enlazada con otra a mayor tamaño que se abre a cliquear. He sombreado en verde la vegetación del capitel, en amarillo los personajes monstruosos de los ángulos del capitel y en rojo las figuras que centran cada una de sus cuatro caras.

Sigo convencido de que el primer nivel de lectura del capitel ha de remitir sin duda a la mitología clásica y que sus formas reproducen con gran aproximación al desconocido modelo del cual se obtuvo la idea formal para su elaboración. A partir de ese punto, la idea original se desdibujó y fue suplantada por el nivel analógico de lectura del capitel, trocando su mensaje clásico probablemente en idea de renacimiento o de resurrección.

La idea básica de este capitel, al igual que la de su pareja que sustentaba el altar, gira en torno a cuatro seres monstruosos que apoyados en el collarino con sus garras, estiran de la vegetación a la que parecen hacer surgir desde la profundidad para enroscarse en los elementos del capitel llegando hasta lo más alto del mismo. Estos seres componen dos parejas, dos aparentan formas humanas femeninas y los otros dos parecen más embrutecidos, más simiescos, poseyendo uno garras en vez de manos.

De entre la vegetación, del jardín que hacen brotar los seres fantásticos, surgen a duras penas, desarrollándose con dificultad, las figuras de un león y de un ave, faltando otra que ha desaparecido. Por fin, la figurita humana del sátiro viene a completar la escena.

Creo que en origen la idea formal fue la de la exuberancia de la naturaleza, que desde el subsuelo brota con fuerza ayudada por fuerzas mágicas. La interpretación del ave fénix renaciendo y de la piel del león recuperando su volumen vital siguen esa estela, al igual que el poder genésico del sátiro, que ensimismado entre la naturaleza hace gala de su fuerza fecundadora. Tras esta interpretación están sin duda las ideas de los thiasos dionisiacos, de los que ya he hablado y de los cuales hay ejemplos en capiteles del templo.

¿Cómo encajar esta idea pagana en la iconografía de la catedral? Pues probablemente haciendo referencia al eterno ciclo muerte-resurrección tomando las ideas del ave fénix o del león como símbolo cristológico (nace muerto y hasta que al tercer día su padre no le infunde el aliento, no comienza a vivir, según el Fisiólogo -VER ARTÍCULO A PROPÓSITO DE UN CAPITEL DE LOARRE-).

Naturaleza vegetal, leones y sátiro como componentes de nuevo, del cortejo dionisiaco clásico inspirador de parte de la iconografía formal de Jaca.


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