LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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ANOLL ¿UN ERROR DE ESCRITURA?

("ANGLI" vs. "ANOLL")


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Recientemente he escuchado en diferido una charla de Amigos del Románico en la que Tomás Aranda nos instruía sobre el magnífico tapiz de Bayeux, obra del siglo XI en la que abundan las inscripciones en latín y donde se describen los prolegómenos de la conquista de Inglaterra por los normandos. En una de las escenas narradas sobre caballos y caballeros de ambos bandos que caen en un foso se puede leer: HIC CECIDERUNT SIMUL ANGLI ET FRANCI IN PRELIO (En la batalla cayeron ingleses y franceses). Llamó mi atención la palabra "ANGLI" (plural de anglus: inglés - los ingleses). Como me gusta mirar más allá de lo que a primera vista se nos muestra, empecé a darle vueltas a esas cinco letras bordadas con lanas de colores que he resaltado en la imagen 2.

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Quizá porque uno de los muchos enigmas por desvelar sea el del significado de la grafía "ANOLL", que se repite en varios de los sillares del fundamento de la ermita de Santiago de Agüero, esa sucesión de símbolos me hizo conjeturar sobre su aparente semejanza.

No sabemos con certeza si "ANOLL" es el nombre que define a una persona o a un taller, pero lo que está claro es que se repite con insistencia en lugares clave del inicio de ese espectacular y engmático templo. Algunos de los perfiles de esa inscripción los he trasladado a la imagen 5 en la misma posición en que se hallan en el templo. Los tres últimos corresponden a los hallados en el monasterio de Santa María de Poblet. Son inscripciones que en ocasiones se muestran en posición correcta, otras veces invertidas, otras con repetición de la "L" final, otras con el símbolo "A" que se puede leer tanto en posición directa como inversa... En época medieval la mayor parte de la población era analfabeta. Muy pocos sabían leer y escribir y quizá allí pueda estar la explicación de epigrafías invertidas, con errores de bulto, ausencias de letras o repetición de las mismas.

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En muchas de las inscripciones de "ANOLL" encontramos que el signo "O" es de menor altura que el resto de los signos a pesar de que para efectuarlos se trazaron dos líneas paralelas definiendo la altura de las letras y también el inicio y el final de la palabra (Imagen 4). En otras inscripciones medievales vemos que la "O" es trazada con la misma altura que el resto de letras, como en "LEODEGARIUS" de Sangüesa (Imagen 6)

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A dónde quiero ir a parar con estas apreciaciones. Pues a que la palabra "ANGLI" me evoca a la de "ANOLL" si progresivamente le eliminamos la parte superior del signo "G" y la "I" la transformamos en "L" (Imagen 5). Son especulaciones, claro, pero para personas iletradas del mundo medieval ese símbolo que parece un "caracolillo" y que encontramos como marcas de cantero en los siguientes lugares de Aragón: Luna (San Gil y Santiago), Sádaba (Puilampa), Sos del Rey Católico (San Esteban), Uncastillo (San Juan, San Miguel -imagen 7-, San Martín), Mallén (Nª Sª de los Ángeles), Zaragoza (San Salvador), Jaca (catedral) y Osia (Eta. de la Virgen del Rosario), bien pudo evocarles la letra "O" en l "G" de la palabra "ANGLI" y permutarlas. Asimismo, la diferencia entre "I" y "L" es tan pequeña que no extraña ni el cambio ni la repetición del signo.

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Mi especulación acerca de este hipotético lapsus de los canteros de Santiago de Agüero apunta a que bien pudiera haber sido de origen inglés el iniciador del templo, ya fuera una persona o un equipo de esa procedencia (ANGLUS - ANGLI, EL INGLÉS - LOS INGLESES). En ese tiempo la letra "W" se representaba como dos "V" sucesivas ("VV") como podemos ver en la alusión al duque Guillermo ("WILLELMI : DUCIS") de la imagen 9. La doble V como probable inicial de nombre de origen inglés está también en uno de las ménsulas de la ermita de San Adrián de Sásabe sobre una margarita de claro sabor jaqués (Imagen 10) y quizá ocurra lo mismo con esa doble V superpuesta utilizada como marca de cantero en la iglesia parroquial de San Pedro en la localidad altoaragonesa de Arbués, cercana a Bailo (Imagen 11).

Influencias inglesas o normandas que me han dado pie a especular a propósito del tapiz de Bayeux o de la reina Matilda que conmemora la conquista normanda de Inglaterra mediante la batalla de Hastings acaecida entre 1064 y 1066, aunque quizá no se tan descabellada esta elucubración porque la influencia de la arquitectura del interior de la nave central de la catedral de Jaca con su sucesión de columnas circulares y pilastras pudo llegar desde la abadía de Jumièges en Normandía, como señala el profesor Domingo Buesa en la Enciclopedia del Románico en Huesca citando a la profesora Lacarra:

Lacarra Ducay (1993) da una opinión interesante al estudiar la “diferencia de carácter que denotan las partes extremas de la basílica, cabecera y pórtico, respecto a la intermedia”, planteando que la solución dada al abovedamiento de la cabecera “denota su fidelidad a una tradición constructiva peninsular que enlaza con nuestro prerrománico”, al contrario de lo que ocurre en la ampliación de las naves que evidencia un nuevo proyecto –en el que se ha debido abandonar la idea de abovedar– que enlazaría con ejemplos normandos como Nuestra Señora de Jumièges consagrada en 1067.

 

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Huesca; 8 de mayo de 2022

Antonio García Omedes

de la Real Academia de San Luis


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