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Al entrar en el templo, la sensación es de encontrar más de lo que se esperaba. Dada lo reciente de su restauración, imaginé hallar un templo "nuevo"; pero la restauración ha sido realmente inteligente.
Hay una atmósfera de naturalidad; de conjunción entre los elementos originales del templo y las reformas y añadidos que se han ido acumulando a lo largo de los siglos, muy bien lograda.
Por otra parte, la iluminación es magnífica. Crea un ambiente de luminosidad difusa sin estridencias.
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La imagen 6 muestra la cabecera del templo: Ábside de tambor, con ventanal de derrame interior centrándolo. Imposta biselada que se extiende al amplio presbiterio.
La disposición de ambos ábsides se muestra en la imagen 7. Este segundo ábside se prolonga hacia poniente con un corto tramo de medio cañón. Tras él, acababa la nave original.
Hay en él una bella talla románica de la virgen sedente con niño, muy hierática. Se la ha comparado con Nª Sª de Iguacel. Carente de policromía, se aprecia el color original de su materia prima, lo que le da un toque de bella naturalidad. (Imagen 10)
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La nave añadida al norte, rematada en retablo barroco de cabecera redonda bajo luneto, se muestra en la imagen 9.
En la imagen 11, el gastado tímpano que debió de existir sobre la portada original del templo. Se aprecia un crismón trinitario.
En diversas zonas del templo, hacia sus pies, pinturas del XIV procedentes de Huértalo, pasadas a lienzo. La primera corresponde a un San Juan y la siguiente a una escena de la flagelación. (Imágenes 12 a 14)