-HUESCA-SAN PEDRO EL VIEJO-(Cont)-
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DIRECTORIO DE LA VISITA
Exteriores Tímpano y portada norte Interior templo Pinturas románicas Restos y arquetas de Santos Justo y Pastor Capilla de San Bartolomé: Panteón Real Restos de Ramiro II Claustro-Vistas generales Tímpano Epifanía Elementos escultóricos en el claustro Capiteles en el Claustro Capiteles en el Museo Arqueológico
La reforma casi integral del primitivo templo mozárabe, de la que a duras penas se salvó la capilla de San Bartolomé, debió de dar al traste con el primitivo claustro para adecuar espacios a las necesidades del modelo benedictino de iglesia de triple nave edificada entre 1117 y 1158, según Federico Balaguer. El actual claustro, según los datos del cartulario de este monasterio, se ejecuta entre los años 1170 y 1198 siendo el monje Deodato quien se hallaba al frente de la obra del monasterio. La restauración llevada a cabo hacia finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Ricardo Magdalena fue -en palabras de Ricardo del Arco- "arbitraria y descabellada". El escultor Mariano García Ocaña se encargó de esculpir capiteles para llenar los huecos dejados por los que se retiraron y llevaron al Museo Provincial por su deterioro. El problema que surge cuando se intenta un estudio en profundidad de la escultura original del claustro, es que no se detallaron qué piezas fueron sustituidas y de dónde proceden las que en el Museo se conservan. Además, la observación de las mismas evidencia repetición de motivos y un estilo que demuestra el trabajo de un segundo escultor que sigue la estela del Maestro de san Juan de la Peña; pero de menor capacidad artística.
La reforma casi integral del primitivo templo mozárabe, de la que a duras penas se salvó la capilla de San Bartolomé, debió de dar al traste con el primitivo claustro para adecuar espacios a las necesidades del modelo benedictino de iglesia de triple nave edificada entre 1117 y 1158, según Federico Balaguer. El actual claustro, según los datos del cartulario de este monasterio, se ejecuta entre los años 1170 y 1198 siendo el monje Deodato quien se hallaba al frente de la obra del monasterio.
La restauración llevada a cabo hacia finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Ricardo Magdalena fue -en palabras de Ricardo del Arco- "arbitraria y descabellada". El escultor Mariano García Ocaña se encargó de esculpir capiteles para llenar los huecos dejados por los que se retiraron y llevaron al Museo Provincial por su deterioro.
El problema que surge cuando se intenta un estudio en profundidad de la escultura original del claustro, es que no se detallaron qué piezas fueron sustituidas y de dónde proceden las que en el Museo se conservan. Además, la observación de las mismas evidencia repetición de motivos y un estilo que demuestra el trabajo de un segundo escultor que sigue la estela del Maestro de san Juan de la Peña; pero de menor capacidad artística.
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A pesar de todo lo apuntado (tomando como referente el trabajo de Jose Luis García Lloret "La Escultura Románica del Maestro de San Juan de la Peña" Ed. Fdo. el Católico. 2005) los 21 capiteles originales que restan en este claustro son un referente de primer orden dentro de la obra de este singular Maestro que en este claustro trabaja bajo la encomienda del obispo Pedro Torroja (1153-1184) en una etapa de su obra que va desde 1165 hasta 1185 comenzando en San Felices de Uncastillo, San Gil de Luna, San Salvador de Ejea, San Antón de Tauste y concluyendola con los claustros de San Pedro el Viejo, primero y San Juan de la Peña después. Luego, ya bajo actuaciones promovidas por el obispado de Pamplona (1185 - 1200) veremos su obra en Luesia, Sangüesa, Agüero, El Frago, Almudevar y Biota.
A pesar de todo lo apuntado (tomando como referente el trabajo de Jose Luis García Lloret "La Escultura Románica del Maestro de San Juan de la Peña" Ed. Fdo. el Católico. 2005) los 21 capiteles originales que restan en este claustro son un referente de primer orden dentro de la obra de este singular Maestro que en este claustro trabaja bajo la encomienda del obispo Pedro Torroja (1153-1184) en una etapa de su obra que va desde 1165 hasta 1185 comenzando en San Felices de Uncastillo, San Gil de Luna, San Salvador de Ejea, San Antón de Tauste y concluyendola con los claustros de San Pedro el Viejo, primero y San Juan de la Peña después.
Luego, ya bajo actuaciones promovidas por el obispado de Pamplona (1185 - 1200) veremos su obra en Luesia, Sangüesa, Agüero, El Frago, Almudevar y Biota.
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Dicho lo cual, he de reconocer que la visita al claustro de San Pedro el Viejo de Huesca, remanso de paz en el corazón de una ciudad pequeña y provinciana, es una experiencia gratificante en todos los sentidos. Allí, soñar es fácil. Basta cerrar los ojos y dejarse llevar por la imaginación para quizá poder escuchar el sonido de los cinceles del Maestro labrando su emblemática bailarina.
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La estructura del claustro es sencilla. Planta rectangular, adosado al muro sur del templo y galerías cubiertas con techumbre de madera a un agua. El acceso al patio central se lleva a cabo por un vano situado hacia la mitad de la crujía norte. La mayor parte de los capiteles son dobles y apean en dobles fustes cilíndricos, que en algunos de ellos son hexagonales. 456 En la mitad de las alas este y oeste, hay capiteles cuádruples sobre cuatro fustes. Y en las situadas al norte y al sur, los que las centran poseen cuatro dobles capiteles agrupados en una sola escena. 789 En los muros del claustro hay algunos arcosolios de época románico-gótica; así como inscripciones funerarias. 101112 En el muro este, a continuación de la capilla de San Bartolomé, se abren las capillas de San Benito (Imagen 13 ) y de Santa Inés (Imagen 14 ). En la primera yacen los restos del historiador oscense Padre Ramón Pérez de Huesca, fallecido en 1813. 131415 Al interior de las cuatro alas del claustro, el Maestro diseñó un apostolario colocando tres apóstoles por cada lado del mismo, uno en cada uno de los pilares extremos y otro sobre el grupo central de capiteles de cada crujía. De los que restan hoy, solo el central de la crujía sur es original (Imágenes 16 a 18), siendo los demás réplicas. Su estilo y tamaño los pone en relación directa con lo que no mucho tiempo después llevará a cabo en la zona alta de la portada de Sangüesa. 161718
La estructura del claustro es sencilla. Planta rectangular, adosado al muro sur del templo y galerías cubiertas con techumbre de madera a un agua. El acceso al patio central se lleva a cabo por un vano situado hacia la mitad de la crujía norte. La mayor parte de los capiteles son dobles y apean en dobles fustes cilíndricos, que en algunos de ellos son hexagonales.
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En la mitad de las alas este y oeste, hay capiteles cuádruples sobre cuatro fustes. Y en las situadas al norte y al sur, los que las centran poseen cuatro dobles capiteles agrupados en una sola escena.
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En los muros del claustro hay algunos arcosolios de época románico-gótica; así como inscripciones funerarias.
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En el muro este, a continuación de la capilla de San Bartolomé, se abren las capillas de San Benito (Imagen 13 ) y de Santa Inés (Imagen 14 ). En la primera yacen los restos del historiador oscense Padre Ramón Pérez de Huesca, fallecido en 1813.
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Al interior de las cuatro alas del claustro, el Maestro diseñó un apostolario colocando tres apóstoles por cada lado del mismo, uno en cada uno de los pilares extremos y otro sobre el grupo central de capiteles de cada crujía. De los que restan hoy, solo el central de la crujía sur es original (Imágenes 16 a 18), siendo los demás réplicas. Su estilo y tamaño los pone en relación directa con lo que no mucho tiempo después llevará a cabo en la zona alta de la portada de Sangüesa.
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