Uno de los ábsides mejor acabados, tanto al exterior como al interior, es
el sur; probablemente, por el que se comenzó a elevar el templo tras su inicial replanteo; bastante antes
de que problemas sobrevenidos obligasen a su precipitada conclusión.
Consta de ábside de tambor, dividido en dos lienzos horizontales por un
magnífico friso con bajorrelieves que ilustran la vida de Cristo. Sobre él, doble ventana de derrama
interior, con columnitas y capiteles. Cubriéndolo, y con moldura doble de baquetón interpuesta, bóveda
de cuarto de esfera.
Es llamativa la incongruencia de la citada bóveda (Imagen
3) con la del cierre del espacio tras el ábside; que se resolvió
con un creciente de sillería. También las molduras vuelan a distinta altura que las absidales; todo
ello por los motivos del cambio de planteamiento ya apuntado. No acaban ahí las incongruencias de esta nave,
pues como ya se dijo, el refuerzo de la portada exterior y la creación de otra interior para aumentar la
potencia del muro, obligaron a crear una bóveda de medio cañón específica para esa
zona de la portada interior.