LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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EL TÍMPANO DE LA CATEDRAL DE JACA.

SINCRETISMO EGIPCIO EN SU MENSAJE TEOFÁNICO Y DE RESURRECCIÓN


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La idea de que hay vida más allá de la muerte es una constante en la práctica totalidad de las civilizaciones. Trascender a la desaparición física, revivir bajo otro aspecto o reencarnarse son en definitiva formas diversas de resistencia ante la inexorable evidencia de la desaparición individual. El culto a los muertos  está directamente relacionado con estas creencias en las que las religiones han encontrado un punto común para gestionar la incertidumbre y el miedo desencadenados por la muerte. Los mitos basados en la muerte y posterior resurrección de los dioses se repiten con notables semejanzas en las diferentes creencias religiosas. La evidencia del ocaso diario del Sol en el horizonte para renacer por el oriente después de su hipotético recorrido por el inframundo, el ciclo de la naturaleza que muere en invierno para rebrotar con fuerza en primavera o los vivificantes ciclos periódicos de las crecidas del Nilo, entre otros, han sido desde la antigüedad modelos para establecer un paralelismo entre esos ciclos de muerte resurrección con lo que deseamos que pueda ocurrir con nuestra naturaleza humana.

A partir de estas sencillas ideas que acompañan al hombre desde el mismo momento de que lo es, es decir, desde el momento en que aparecen en su mente las dudas acerca de la trascendencia de su existencia (¿quién soy, de dónde procedo, hacia adónde voy, cuál es mi misión en el mundo?) y de las fuerzas naturales que rigen su creación y su vida (El sol, la luna, los cuerpos celestiales, los fenómenos naturales incomprensibles para la mente primitiva…) surge la necesidad de encontrar respuestas que en la mayoría de los casos no van a ser de fácil comprensión. Hay que buscar las causas de estas circunstancias y si no se encuentran hay que imaginarlas aunque para ello haya que inventar seres y fuerzas sobrenaturales ligados a la naturaleza, al cielo y al inframundo.

Como consecuencia de estas dudas trascendentes surgirán los chamanes, hombres de mayor sensibilidad o acaso más listos que los demás. A ellos se atribuye la posibilidad de establecer contacto con las fuerzas sobrenaturales o con entidades superiores promotoras de la creación del universo y poseedoras del control absoluto de todo aquello que contiene. Chamanes considerados como “pontífices” en el sentido literal de “aquél que tiende puentes” entre el mundo material y el sobrenatural. El báculo o cayado de estos personajes, apoyado en el suelo y apuntando hacia el cielo va a tener un especial significado en tanto que sirve como elemento de intermediación entre lo telúrico y lo celestial. Chamanes, augures, sacerdotes y oráculos van a servir al hombre como enlace entre lo natural y lo sobrenatural.

La muerte, asumida como un fenómeno natural -no deseado pero obvio- va a ser contemplada como una forma de transición hacia otra dimensión de la que acaso esa persona pueda regresar. Desde ese punto de vista su cadáver ya no es abandonado para su degradación natural sino que será tratado como algo trascendente. Hay un momento en el cual el hombre comienza a adoptar una serie de ritos funerarios en principio tan sencillos como los enterramientos protegiendo el cuerpo al que se le colocan elementos personales o de adorno: collares de piedras, conchas, cuchillos de sílex, pigmentos, etc. Ese tratamiento al cadáver confirma la existencia de una idea de trascendencia de la persona muerta y por tanto el germen del concepto muerte-resurrección.  Monumentos megalíticos tan sencillos como un dolmen o tan complejos como una pirámide egipcia van a ser en esencia la consecuencia formal de esa esperanza de que haya vida más allá de la muerte. La idea del concepto muerte-resurrección está implícita en la religión cristiana así como en las religiones previas a ésta y de las cuales ha asimilado muchos de sus mitos.

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Para comprender algunos aspectos formales del templo románico es necesario volver los ojos hacia la antigüedad en busca de ideas, formas y mitos sincretizados por el cristianismo es decir, asumidos como propios a partir de otros preexistentes que van a ser tomados e incorporados bajo una lectura acorde con las directrices oficiales de la Iglesia. Los antiguos dioses egipcios así como los dioses clásicos de Grecia y Roma, la mitología derivada de los mismos, sus ideas y sus aspectos formales van a ser añadidos al cristianismo adecuándolos a la doctrina oficial del mismo. Una vez más -y todas serán pocas- hay que volver los ojos hacia el genio del profesor Serafín Moralejo que en 1973 supo ver en el sarcófago clásico de la Orestíada procedente de de la localidad palentina de Husillos el modelo formal para la composición de un capitel de San Martín de Frómista, localidad situada a a tan solo veinte kilómetros de distancia. El drama del mito de Orestes pleno de venganza, muerte, sangre, furias y arrepentimiento será reinterpretado en clave bíblica en el capitel de Frómista para describir la muerte de Abel a manos de su hermano Caín.

A los ojos del cristiano actual pueden parecer atrevidas o arriesgadas las ideas acerca de que algunos de los fundamentos de la religión oficial estén cimentados en religiones preexistentes pero si los analizamos sin prejuicios hallaremos paralelismos que van más allá de lo puramente fortuito. Ante todo hay que establecer un dato evidente y es que el cristianismo tiene un recorrido histórico de aproximadamente dos mil años mientras que los sentimientos religiosos iniciales acompañan a la humanidad desde mucho tiempo atrás. Dentro de la evolución de la especie humana la aparición del homo sapiens sapiens se estima en unos cien mil años. Las pirámides egipcias, como referencia obligada de las ideas muerte-resurrección, fueron edificadas cuatro mil años antes de la aparición del  cristianismo y en lo referente a los dioses clásicos del panteón olímpico hay que situarlos en unos 1700 años A C. 

El profeta Moisés, referente común para las principales religiones monoteístas, liberó al pueblo hebreo de la esclavitud egipcia por mandato divino y junto con su hermano Aarón lo condujo durante cuarenta años a través del desierto hacia la tierra prometida de Canaan. La fecha estimada del Éxodo varía según los autores aunque se circunscribe a un momento entre los años 1400 y 1200 A. C. La historia nos señala que Moisés fue educado en la corte del faraón y el pueblo que el condujo vivió largo tiempo en Egipto, circunstancias por las que no es de extrañar que entre ellos se mantuviese viva una parte de su cultura y de sus divinidades.

El cristianismo llegará a Egipto a través de San Marcos. Fue este evangelista quien predicó el cristianismo en Alejandría, la cuna del pensamiento cristiano occidental, fundando allí la primera iglesia en el año 42 D. C. De este modo el cristianismo llega desde Jerusalén hasta Egipto a través de Alejandría dando origen al arte copto, así definido el arte cristiano en Egipto. Es un arte sencillo, popular, religioso y mundano influenciado por el ambiente religioso y cultural de la región donde se desarrolla, así como por el arte griego y el romano. (Yehia Youssef Ramadán. 2005)

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San Atanasio obispo de Alejandría escribió en el año 367 un canon formado por 27 libros que fueron la base del Nuevo Testamento refrendado por San Agustín de Hipona en el sínodo de 393. Los orígenes del monacato cristiano hay que buscarlos en el desierto egipcio. Los santos Antonio y Pacomio en el desierto de Wadi Natrun y de la Tebaida son sin duda un referente en este aspecto. En ese momento inicial cristianismo copto, los monjes  utilizarán para su retiro ascético tumbas de las antiguas necrópolis y viejos templos egipcios en los que persisten inscripciones y representaciones de sus mitos y divinidades. Monasterios e iglesias fueron edificados sobre estas estructuras como es el caso de los lugares de Karnak, Luxor, Medinet, Habu, Edfú, Dendera o Pilae citados por Juan Ramón Aja. Los monjes en muchas ocasiones utilizaban directamente estancias que en origen fueron espacios funerarios del mundo egipcio. Las representaciones del juicio de Osiris debieron sin duda inspirar a los primeros monjes para trasladar esa idea al episodio del pesaje cristiano de las almas por el arcángel San Miguel. (José Ramón Aja Sánchez. 2006). Son estos unos precedentes traídos de modo sencillo pero claro que nos van a dar pie para reconsiderar ideas que por habituales damos como inamovibles y que enjuiciadas desde un punto de vista crítico nos permitirán relacionarlas con elementos incorporados a los textos religiosos desde las mitologías precristianas.

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En el Apocalipsis de San Juan se nos describe a los evangelistas así: “El primer viviente era semejante a un león; el segundo viviente, semejante a un toro; el tercero tenía semblante como de hombre, y el cuarto era semejante a un águila voladora”. A partir de ese texto apocalíptico serán representados en la iconografía cristiana bajo distintos aspectos: en ocasiones como el ser correspondiente provisto de alas, otras como personajes acompañadas por los seres mencionados, como ángeles portando las cabezas aladas de esos seres o como en la imagen 3 bajo el aspecto de personas con cabeza del ser correspondiente (águila, toro o león). Desde esta última forma de mostrar al tetramorfos, como es el caso de la imagen superior compuesta a partir de las pinturas del Panteón Real de San Isidoro de León, es muy fácil establecer paralelismos con las deidades egipcias provistas de cabezas animales (Horus, Hator o Sejmet)  (Irene González Hermoso. 2011)

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En la misma línea va la representación que en ocasiones se hace de la figura de San Cristóbal como un ser con cabeza de perro en paralelismo con el dios Anubis, psicopompo o transportador de almas en relación a la función de pasar a hombros a las personas desde una a la otra orilla (María Dolores García Cuadrado. 2000). La primera imagen de San Cristóbal cinocéfalo corresponde a la Escuela de Asia Menor se halla en el museo de Atenas y está tomada de la obra de M.D. García. La segunda es un detalle del frontal de Tosses en el Museo Nacional de Arte en Cataluña (Imágenes 5 y 6).

Un relación también sugerente es el que relaciona a la figura de la diosa madre Isis amamantando a su hijo Horus también llamado Harpócrates en esta fase de Horus-niño. La conexión de este mito con la ancestral figura de la diosa madre o madre Tierra llegará a desaparecer en el cristianismo siendo sustituida por la imagen de la Virgen con Jesús-niño en brazos (Imágenes 7 y 8: Museo Arqueológico de Madrid y Virgen románica de Gallocanta - Zaragoza).

Las imágenes de deidades egipcias en ocasiones portan sobre su cabeza un círculo que representa al disco solar. Cuando esta idea sea trasladada al cristianismo, en especial en lo referente a la decoración pictórica, sera asumida bajo el aspecto de nimbo o aureola luminosa y en ocasiones radiante, que va a conferir el carácter de santidad o de divinidad a la figura que la porta.

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El ya mencionado “Juicio de Osiris” traído desde el "libro de los muertos" representa un episodio en el cual tras la muerte, el dios Anubis extrae el corazón del difunto para pesarlo en una balanza contra la pluma de Maat diosa de la verdad y la justicia. Si el juicio en el que se valoran sus méritos y deméritos resultaba favorable, el espíritu del difunto -su Ka, representado como un ave con cabeza humana- podría incorporarse a su momia y vivir eternamente en los campos de Aaru (el Paraíso egipcio). Si el juicio es desfavorable, el corazón del muerto será  devorado por el dios Ammyt un ser con torso de león, cabeza de cocodrilo y patas traseras de hipopótamo. En este caso el Ka era destruido y el muerto quedaba condenado a una “segunda muerte”. El juicio estaba presidido por el dios Osiris, deidad paradigmática de la resurrección porque tras haber sido asesinado, descuartizado y arrojado al Nilo por su hermano Seth, fue recompuesto por la diosa Isis que recogió y reunió sus fragmentos (Imagen 9).

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Esta escena es fácil de reconocer en la iconografía medieval de la Psicostasis en la cual San Miguel (Anubis) efectúa el peso del alma del difunto mientras el demonio (Seth) intenta hacer trampa. Cristo (Osiris) resucitado, es la figura que preside el juicio final (Imágenes 10 y 11). Es la eterna lucha entre el bien y el mal que en la iconografía cristiana puede encontrarse bajo la forma de San Miguel alanceando al dragón, y que también puede ser rastreada en representaciones de Horus clavando su lanza en el cocodrilo (Imagen 12. Museo del Louvre en París. Tomada de Claudina Romero 2013).

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Vamos por último con un dios egipcio llamado Aker representado por dos leones contrapuestos guardianes de la puerta de entrada y salida al más allá. Es el “guardián de los secretos de la Duath” (lugar del inframundo donde se lleva a cabo el juicio de Osiris). Los leones se llaman Sef y Duau (“Ayer y mañana”). Aker es guardián de las puertas del horizonte por el que el sol entra y sale cada día. Inicialmente la función de los leones en la puerta fue apotropáica y algunos autores opinan que al final del Reino Antiguo todos los templos debían de tener una pareja de leones en su entrada (Imagen 13).

La asociación entre las puertas principales y la pareja de leones protectores llegó a tal punto que, en la escritura jeroglífica, la figura de dos leones echados (rwt) equivale al sustantivo “puerta” (Capriotti Vitozzi, G.  2006). Ahora bien cuando los leones enmarcan al horizonte y a la divinidad, estamos hablando del dios egipcio Aker, de una teofanía en la que el dios-Sol aparece cada día por el horizonte. Es una epifanía de la divinidad, pero a la vez es símbolo de resurrección. Si damos la vuelta a los leones del dios Aker para adaptarlos al marco circular de un tímpano en el que se desea insertar su imagen, tenemos algo similar a lo mostrado en la imagen 14. Rastreando esta idea a través de otras culturas encontramos que los leones conforman el marco en el que tiene lugar la epifanía de la divinidad  (Jorge García Cardiel. 2009).
Como dios de la tierra, a Aker se le atribuye poder sobre las serpientes y del mismo se dice que protege contra el veneno de su picadura.

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Al comparar el tímpano de la catedral de Jaca con lo dicho acerca de Aker, resulta altamente sugerente el tratar de establecer una relación entre las ideas del símbolo inicial y lo que esa pieza medieval trata de transmitir al hombre del románico (Imagen interactiva 15).

La escultura de la catedral de Jaca tiene en sus dos portadas un denominador común, algo que no ocurre con el resto del templo. En esas dos portadas  se muestran escenas veterotestamentarias. En la occidental encontramos en el lado norte a los hermanos Moisés y Aarón con la nueva ley y en el lado sur el profeta Daniel en el foso de los leones al que Habacuc lleva alimento y más al exterior el momento en que desenmascara la artimaña de los sacerdotes del templo. En la portada sur en su lado occidental otro episodio ligado al Éxodo: el de la burra de Balam y por fin al lado este, el episodio del sacrificio de Isaac por el patriarca Abraham. El capitel de David y los músicos, probablemente estuvo formando el parteluz de una de las dos portadas. Yo me inclino a creer que estuvo en la occidental y su figura central, el rey David encaja a la perfección en este mensaje de obediencia a la palabra de Dios y a la conducción del pueblo elegido hacia la tierra prometida sobre la cual reinará al igual que se espera de Sancho Ramírez y su hermano el obispo infante García, quienes en paralelismo con lo narrado en el primero de los capiteles de la portada occidental serán los conductores del pueblo elegido de Aragón hacia la conquista de la tierra llana (David Simon, 2001)
La escultura descrita es magnífica y reconoce su influencia formal en la influencia del maestro de Orestes-Caín procedente de Frómista con la asunción de las formas tomadas del sarcófago de Husillos para influir sobre el maestro de Jaca quien narrara con su escultura los pasajes neotestamentarios de ambas portadas (Prado Vilar, 2010). Dejo para el final la mejor de las piezas escultóricas de ambas portadas de Jaca y probablemente una de las más importantes dentro del panorama del primer momento del románico en la península Ibérica; ese al que el profesor García Guinea denominaba acertadamente como “el románico dinástico” por haber sido impulsado por Sancho III el Mayor y sus descendientes directos. Me refiero al tímpano de la gran portada occidental.

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Si hacemos abstracción de todo cuanto hemos leído acerca de este delicioso tímpano y tan solo prestamos atención a lo que a primera vista percibimos desde el suelo, que es el modo en que lo contemplarían los hombres de finales del XI, convendremos en que destacan dos leones y en medio de ambos un círculo conteniendo un anagrama. Por todo lo expuesto hasta este punto me inclino a pensar que la fuente de inspiración del grupo indicado (leones-círculo) hay que rastrearla también aquí en la influencia del arte egipcio y concretamente en la figura del dios Aker. Leones guardianes de la puerta, tanto en el sentido apotropáico descrito como en el de acompañantes de la teofanía que supone la asimilación del círculo con la divinidad que para mayor concreción se especifica mediante el símbolo del cristianismo por antonomasia: el crismón. En esta pieza se sublima el antiguo mensaje de muerte-resurrección tanto por la sincretización de la deidad solar (el círculo teofánico entre los leones) que muere y resucita cada día, como por la referencia explícita a Cristo, el resucitado de entre los muertos, a través de su anagrama mostrado en clave trinitaria.

Las inscripciones añadidas ayudan a encauzar la simbología que preside la puerta y la disposición con la que el fiel se ha de enfrentar a su interfase entre lo profano y lo sagrado. A través de las epigrafías se hace una llamada a la obediencia y a la penitencia y en la inferior se insta específicamente a esto: "Purifica de vicios tu corazón para que no perezcas de una segunda muerte". Amenaza de "muerte segunda" de la misma forma que ocurre en el juicio de Osiris en caso de ser desfavorable al difunto.

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La imagen 17 corresponde a un perfilado de un colgante egipcio del museo Myers en la que las figuras de Horus (el bien) y Set (el mal) flanquean a la diosa Hator sobre la que luce el disco solar símbolo de la divinidad. La imagen es activa y colocando el cursor sobre ella aparece el resto de la simbología apotropáica relacionada con el dios Horus.

El bien y el mal también en Jaca. El león que perdona y el león que destruye. Ese mensaje se refuerza por medio de las figuras añadidas: los símbolos del mal (oso y basilisco) y el personaje postrado que toma la serpiente con la mano, y en el que me inclino a reconocer a Moisés en el episodio de obediencia cuando Yavé le indica que tire su vara para que una vez convertida en serpiente vuelva a ser vara en su mano al retomarla, para que por medio de ese y de otros prodigios que le confiere realizar, el pueblo crea que Yavé se le ha aparecido y le ha ordenado conducir a su pueblo hacia la tierra de promisión; desde Egipto hacia Canaan.

Egipto otra vez, como punto de partida, fuente de inspiración y lugar de inicio del monacato cristiano.   

 


BIBLIOGRAFÍA:

  

“Los iconos coptos de Egipto. estudio analítico y Técnico”. Yehia Youssef Ramadán. Tesis Doctoral. Facultad de Bellas Artes. Universidad Complutense Madrid 2005

“Egipto y la asimilación de elementos paganos por el cristianismo primitivo: cultos. iconografías y devociones religiosas”. José Ramón Aja Sánchez. Universidad de Cantabria. Collectanea Cristiana Orientalia Nª 3, 2006. pp.: 21-47

“El Tetramorfo”. Irene González Hermoso. Univ. Complutense de Madrid, Dptº de Historia del Arte. Revista Digital de Iconografía Medieval, Vol III, Nº 5. 2011. pp.: 61-63

“San Cristóbal: Significado Iconológico e Iconográfico”. María Dolores García Cuadrado. La exégesis como instrumento de creación cultural. El testimonio de las obras de Gregorio de Elbira, Antig. crist. (Murcia) XVII, 2000, pp. 343-366

“Símbolos del poder e indumentaria romana en la divinidades orientales". Claudina Romero Mayorga. Eikon / Imago 3. 2013. pp.: 69-92

«Note  sull’ interpretatiodell’Egitto nel Medioevo; leoni e sfinginella Roma medievale», Capriotti Vitozzi, G. en Imagines et iura personarum. L’uomo nell Egitto  antico.  Tai  del  IX  Convengo  Internazionale  di egittologia e papirologia, 2006. 43-60, Palermo. Citado por J. García Cardiel

“Renacer entre leones. Una nueva perspectiva de los leones de Pozo Moro. Chinchilla, Albacete” Jorge García Cardiel. UCM-CSIC Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma. Lvcentvm XXVIII. 2009. pp.: 51-68

“A Moses capital at Jaca", Imágenes y promotores en el arte medieval. Miscelánea en homenaje a Joaquín Yarza Luicas. Bellaterra, 2001. pag 215

"Del Maestro de Orestes-Caín al Maestro del Sátiro: una conferencia sobre la belleza de la tragedia y la memoria del futuro", en Maestros del Románico en el Camino de Santiago. Aguilar de Campoo 2010. pp.: 11-46.

"Historia del Monacato Cristiano". Vol. 1: Desde los orígenes hasya san Benito. Alejandro Masoliver Ediciones Encuentro, 1978.


 

 

Huesca; 16 de noviembre de 2015

Antonio García Omedes

de la Real Academia de San Luis


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