LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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REFLEXIONES EN TORNO A LA UBICACIÓN INICIAL

DEL ZODÍACO DE LA CATEDRAL DE JACA


 

El sábado día 2 de junio de 2012 en el curso de una labor sistemática de recogida fotográfica de las marcas de cantero existentes en los sillares reutilizados del actual ábside central de la catedral de Jaca, procedentes a su vez del demolido ábside románico original, tuve la fortuna de localizar e identificar una serie de sillares reutilizados que en su momento constituyeron nada menos que el zodíaco románico de ese importante templo (Ver artículo publicado en 2012).
Su situación en altura asociada al menguado interés que en general los estudiosos del templo han dedicado a este elemento por no ser románico y a la circunstancia de que antes de ser recolocados se repicasen sus superficies tratando de borrar sus relieves, fueron la causa de que nadie antes hubiese reparado en los mismos facilitando que mi especial interés por la catedral desembocase en ese hallazgo casual, sin duda trascendente de cara al arte románico en general y a la seo jaquesa en particular.

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El primero de los símbolos zodiacales que indentifiqué fue el señalado con la letra "b" en la imagen 1 y que muestro ampliado en imagen activa e la imagen 2. A pesar de estar repicado, como el resto de los símbolos zodiacales, encaja con lo visto para el símbolo de acuario mostrando a una figura vertiendo agua hacia nuestra derecha con una vasija de largo cuello.

Este intenso momento personal que describo fue sin duda una “serendipia”, palabra aceptada por la Real Academia Española por unanimidad el 22 de junio de 2012 y utilizada como introducción en su discursos de ingreso por el Académico Felix de Azua en junio de 2015 recordando que su significado es el de un “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual
No se si será otra feliz coincidencia que esa palabra que tan bien se ajusta a lo que me sucedió ante el ábside jaqués fuese oficializada por la RAE apenas veinte días después de que se produjese mi “valioso hallazgo producido de manera casual” pero lo que constituye un hecho cierto es que hubo una coincidencia temporal entre ambas circunstancias originando una especie de serendipia iterativa.
Seis meses después fui nombrado Académico Correspondiente de la Real de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza y tan solo un mes más tarde, ya en 2013, fui recibido en la misma como Académico Numerario intuyendo a posteriori que a buen seguro tendría algo que ver la señalada serendipia zodiacal jaquesa con mi recepción. A fin de cuentas acaso sean los astros y los símbolos zodiacales quienes de uno u otro modo puedan influir en la vida de los mortales como desde muy antiguo se viene considerando, que nunca se sabe.

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Zodíacos y calendarios como símbolos cíclicos que desde muy antiguo rigen la vida de los hombres. Periódico sinfín rector del día a día, de las actividades a desarrollar, de la siembra y de las cosechas, de la vida y de la muerte anteriores al cristianismo y que al igual que otras ideas trascendentes fueron adoptadas y adaptadas, es decir “sincretizadas” por la nueva religión que señala a Cristo como principio y fin, como centro de todas las actividades y de todo el universo.
Probablemente la materialización de estas ideas sincretizadas diese como resultado que la disposición habitual para mostrar los símbolos zodiacales y de los calendarios sea circundando a la Imagen de Cristo tanto en alzado como en planta, de modo que Él se instituye como Cristo “cosmocrator” es decir, dueño y señor del cosmos que gira alrededor suyo porque Él es el centro y el origen de todas las cosas.
En alzado, calendarios y zodíacos se dispusieron en arquivoltas rodeando al tímpano en el que se halla la imagen de Cristo, aunque su presencia explícita no sea necesaria dado que en el románico el círculo “per se” representa a la divinidad. En planta, podemos encontrarlos decorando la circunferencia interior del ábside y también la exterior puesto que de las dos formas están circundando al espacio sagrado semicircular que es el ábside en representación de la divinidad.

Calendarios y zodíacos rodeando a Cristo en alzado los podemos ver en templos como la catedral de Chartres, en la basílica de Vézelay (Imagen 3), en la catedral de San Lázaro de Autun, la iglesia de San Miguel en Beleña de Sorbe o en San Nicolás de El Frago.
En planta pueden decorar el interior o el exterior del cilindro absidal. En el primer caso es buen ejemplo la decoración pictórica de la cripta norte de la catedral de San Vicente de Roda de Isábena (Imagen 4) donde además de modo excepcional se fusionan zodíaco y calendario, comenzando la iconografía por tres signos zodiacales para continuar como un mensario al uso. Como ejemplo de situación al exterior podemos mostrar la iglesia de Saint-Autremojne d´Issoire en la cual los signos zodiacales se reparten entre sus ábsides en el espacio existente entre el extradós de los vanos absidales y la decoración de las cornisas de sus absidiolos (Imagen 5).

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La duda surge cuando intentamos saber dónde estuvieron situadas originalmente las piezas de este recuperado zodíaco jaqués. Por lo visto hasta ahora la situación más frecuente para disponer los elementos zodiacales de acuerdo con la simbología que implican sería formando parte de una arquivolta alrededor de una portada de acceso al templo. Dos son las portadas exteriores  que posee la catedral jaquesa: la del hastial occidental y la situada en su muro sur y ninguna de las dos conviene a esta ubicación por que no hay lugar a modo de arquivolta donde ubicarlas y sobre todo porque su perfil cuadrado las excluye como piezas de dovela.

La propuesta de haber estado ubicadas a modo de metopas bajo el tejaroz de la portada meridional, que en un principio consideré no me parece lógica por varios motivos. En primer lugar porque la disposición de un zodíaco en horizontal no encaja con el planteamiento de Cristo Cosmocrator centrando el universo con los símbolos zodiacales girando alrededor suyo como es lo habitual en los templos señalados más arriba. Por otra parte, a falta de la medición de las piezas del zodíaco, creo que deben de medir alrededor de los 40 cm y su longitud total sumada a los canecillos interpuestos sobrepasan los 5,75 metros de longitud que mide el cuerpo adelantado donde está la portada, según medidas de Esteban Lorente. Todavía hay otra razón en contra de esta posibilidad y es la de la fecha de realización de la estructura conocida como “Lonja Chica” en la que se reutilizaron capiteles probablemente procedentes del desaparecido claustro catedralicio. De haber estado sobre ella el zodíaco hubiese sido el momento adecuado para rehacer la misma y acaso retirar los símbolos zodiacales. La actuación que generó la Lonja Chica se efectuó hacia el año 1600 mientras que el derribo del ábside central románico para edificar otro mayor se llevó a cabo en el año 1790. Ya en 1792 fray Manuel Bayeu firmó su obra pictórica en la bóveda de este nuevo espacio. Casi dos siglos separarían los momentos del apeo de las piezas zodiacales y su reutilización como material edificativo por lo que esta opción aparece como de escasa credibilidad.

De este modo y bajo mi punto de vista tan solo hay un lugar en el que por el simbolismo inherente al zodíaco y por una cuerstión de lógica debieron de situarse estos símbolos zodiacales. Ese lugar fue el desaparecido ábside central original y concretamente en el espacio situado entre la parte superior de sus tres vanos y la línea de canecillos sustentante de la cornisa al modo en que hoy lo podemos ver en los ábsides de la iglesia de Saint Austremoine d´Issoire en la Auvernia que quizá recibiese la influencia de Jaca en ese sentido. Mi propuesta es que los sillares conteniendo los motivos zodiacales se repartieron en el semicírculo absidal a razón de cuatro por cada lienzo, dado que creo que dicho ábside tendría adosadas dos semicolumnas que lo dividiesen en tres lienzos. Con esa disposición se cumple en planta el hecho de que el zodíaco esté circundando el medio círculo sagrado del ábside que representa a la divinidad (Imagen 5 activa).
La longitud de ese semicírculo absidal al exterior, obtenida por medio de las mediciones de Esteban Lorente, proporciona una longitud de 17 metros permitiendo un cómodo y armónico acomodo de los sillares del zodíaco basándome en una medida aproximada para cada uno de ellos de 40 cm.  No contemplo la posibilidad de situar signos zodiacales en altura del presbiterio por dos razones: primero porque no es espacio divino, sino destinado a los presbíteros y segundo porque colocado uno o dos en cada lado, el resto sería siempre impar e imposible de distribuir de modo armónico.

La lógica me indica que en el momento de acometer el derribo en 1790 del ábside románico original para edificar en su lugar otro de mayor capacidad se conservaron los materiales edificativos de dicho ábside para ser reutilizados en el nuevo. El desmonte absidal, comenzó, como es natural, por las cubiertas con la retirada de canecillos, metopas y sofitos para continuar luego con la demolición del muro románico de tres capas conservando los sillares  vistos, tanto los exteriores como los interiores, para su posterior reutilización. De ese modo los materiales retirados en primer lugar fueron los situados a mayor altura y en su apilamiento a la espera de reutilizarse debieron de quedar en algún espacio cercano usado como obrador por debajo de los retirados en las fases sucesivas de demolición del ábside. Cuando replantearon el nuevo perímetro absidal, bastante más grande a conveniencia de los canónigos, comenzaron a edificar reutilizando los materiales del desmonte y también nuevos materiales aportados dado que el mayor volumen edificativo así lo hizo necesario.
Una vez que hubieron utilizado la práctica totalidad de los sillares del desmonte, aproximadamente al nivel de la zona inferior del óculo central del nuevo ábside se debieron plantear la reutilización las piezas que contenían el zodiaco y como probablemente no tuviesen muy claro la conveniencia de utilizar esos símbolos que acaso les pareciesen paganos, fueron repicados y dispuestos en una zona muy concreta por encima del resto de los sillares recolocados. Más arriba de esta zona, cesa el uso del material original ya agotado y tan solo encontraremos mampostería nueva hasta llegar a la cornisa donde reutilizaron canecillos y sofitos.

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Huesca; 25 de agosto de 2016

Antonio García Omedes

de la Real Academia de San Luis


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