LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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ALGUNOS CAPITELES EN LA CABECERA INICIAL DE LA

CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA (1075-1088)


A raíz de una reciente conferencia del profesor Javier Castiñeiras López, a quien escuché por videoconferencia organizada por "Amigos del Románico", he revisado todas las fotografías que tomé de la catedral de Santiago entre los años 2009 a 2015 recuperando aquellas en las que aparecen los capiteles de la primera fase edificativa de su cabecera. A la vista de esas imágenes, tras seleccionarlas y trabajarlas, he hecho un montaje parcial de la cabecera del templo actual situando los capiteles de los que tengo imágenes. La planta activa está en la imagen 1. Los círculos de colores se corresponden con los capiteles. Situando el cursor sobre ellos aparece una sencilla descripción identificativa y al cliquear se abre su imagen en una nueva pantalla. (Muchas de las ideas vertidas sobre esta zona del templo y el inicio de su edificación están extractadas a partir de los magníficos trabajos señalados al final del mismo, sobre todo de M. Castiñeiras y de V. Nodar).

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Para comprender algunas de las circunstancias de esa zona de la catedral hay que remontarse al inicio de su abigarrada historia relacionada con la conveniente aparición de los restos del apóstol Santiago y de las sucesivas edificaciones realizadas sobre su sepulcro, que en todo momento se ha mantenido en el mismo lugar en que se halló, como inamovible punto de culto. Trataré de señalar los rasgos más importantes para ayudar a comprender la morfología de la planta actual.

Según la tradición, Santiago predicó el cristianismo en la Península Ibérica. En el año 44 fue decapitado en Jerusalén siendo recogidos sus resto por sus discípulos Teodoro y Atanasio quienes los trasladaron hasta Compostela donde recibieron sepultura.

Hacia el año 813 el ermitaño llamado Pelayo, Pelagio o Paio, que tenía su eremitorio en un lugar llamado Solovio en el bosque de Libredón, advirtió extraños resplandores sobre un montículo próximo, como luminarias o estrellas. Informó de ese suceso, que se repetía y aparentaba ser milagroso, al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, que al parecer tenía conocimiento documental de que pudiera hallarse en esa zona la tumba apostólica por lo que organizó una búsqueda en el lugar descubriendo un sepulcro con los restos de tres personas a las que identificaron con el apóstol Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio. El sepulcro tenia tipología romana de mausoleo funerario con dos niveles estando los restos en el inferior mientras que en el superior había una zona de oración. Teodomiro señaló el hecho como milagroso e informó a Alfonso II el casto, rey de Asturias (cuyo reino incluía a Galicia) que se trasladó al lugar y ordenó la edificación de una capilla. Por ese acercamiento a la tumba apostólica, este monarca es considerado como el primer peregrino. Teodomiro murió en el año 847 y su lauda fue hallada en excavaciones llevadas a cabo en la catedral en 1955. Había sido reutilizada como material de construcción en el lado sur del muro de la iglesia de Alfonso III (Imagen 6)

Alfonso II fundó en el primer cuarto del siglo IX el monasterio de San Pedro de Antealtares, así llamado por situarse por delante de la capilla donde recibía culto la tumba del Apóstol. Una comunidad de monjes benedictinos fue la encargada de atender y preservar la tumba de Santiago. Esa iglesia dedicada a san Pedro fue derribada en fecha indeterminada anterior a1075 y sustituida por otra dedicada a san Paio.

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La afluencia de peregrinos al lugar santo motivó que en el año 829 se ampliase la capilla hasta conformar una pequeña iglesia y más tarde, en el año 899, que se edificase una iglesia prerrománica por orden de Alfonso III de Asturias (Imagen 2). La iglesia prerrománica de Alfonso III fue destruida por Almanzor en el año 997 que se llevó sus puertas y campanas a la mezquita de Córdoba. Tenía tres naves y tres altares dedicados a san Juan a san Salvador y a san Pedro.

En 1075 se celebró en Santiago un "concilio magno" en el que el rey Alfonso VI (nieto de Sancho III el mayor, rey de Pamplona) entregó parte del botín conseguido en su expedición a Granada para la edificación de un gran templo. Ese templo, de grandes proporciones y provisto de deambulatorio con capillas radiales, tiene que mantener el edículo con los restos del apóstol en su lugar, como se había hecho en la construcción de las sucesivas iglesias previas. Ese gran proyecto implicaba la destrucción de la iglesia de Antealtares (con perfil amarillo en la imagen 2). La estructura de la iglesia de Antealtares debió de aprovecharse para edificar la capilla central dedicada a san Salvador, que por ese motivo posee planta cuadrada. Los monjes benedictinos de Antealtares, custodios del sepulcro apostólico, se sintieron perjudicados y esa situación se resolvió por medio de la llamada "Concordia de Antealtares", acuerdo llevado a cabo en 1077 entre el obispo Diego Peláez y el abad de la comunidad, san Fagildo, en un momento en que ya se están edificando las capillas de la girola. En el acuerdo se especifica -entre otras cosas- que la parte de la girola edificada sobre terreno del monasterio pertenecería a la comunidad benedictina que la utilizará como iglesia monacal; que la comunidad debería de costear la apertura de una puerta para comunicar las estancias de los monjes y la girola, que utilizarán como iglesia (esa puerta es la "puerta santa"); que mientras durasen las obras, los monjes solo celebrarán culto en la capilla de san Pedro, reservándose el obispo la de san Salvador. Los monjes de Antealtares ganaban proximidad al sepulcro del apóstol, mantenían las advocaciones de sus altares (san Juan, san Salvador y san Pedro) y tras acabar las obras se encargarían por completo de la cabecera y del sepulcro apostólico.

Las obras de la primera fase de la nueva iglesia (1077-1088) las dirigieron los maestros Roberto y Bernardo el Viejo, influidos por el estilo de la abadía de santa Fe de Conques, bajo el episcopado de Diego Peláez obispo de Iria Flavia entre 1070 y 1088. (M. Castiñeiras recuerda que el caballero Gelmirio, padre de Diego Gelmírez, sirvió como tenente del obispado de Peláez en las tierras de Iria, A Mahía y Postmarcos)

Al obispo Diego Peláez, con sede en Iria Flavia y a Gonzalo, obispo de Mondoñedo, los había nombrado en 1071 García II rey de Galicia y hermano de Alfonso VI. Ambos obispos "sufrieron" el reinado de Alfonso VI. García II fue capturado en 1072 por su hermano Sancho II de Castilla y desterrado a Sevilla. A la muerte de Sancho II trató de regresar y recuperar su reino pero fue apresado por Alfonso VI en 1073 y confinado en el castillo leonés de Luna hasta su muerte en 1090.

El enfrentamiento por el poder entre los hermanos tuvo como efecto colateral que Peláez, partidario de García, fuera acusado de traición y depuesto en el concilio de Husillos de 1088 tras el cual se exilió en el reino de Aragón bajo la potestad de Pedro I (que lo era de Aragón y de Navarra). En su exilio aragonés siguió titulándose obispo de Compostela, dignidad a la que nunca renunció y que Pedro I le reconoció. Desde Aragón siguió influyendo en la construcción de la catedral a través de artistas de procedencia aragonesa bajo el mando del maestro Esteban (documentado en la catedral de Pamplona) quien impulsó las capillas de santa Fe y de san Andrés (poligonales, como la capilla central de la seo pamplonesa) y acometió los muros orientales del transepto y zonas sin acabar, como los muros de la capilla del Salvador y su decoración escultórica. Esteban aportó a la obra el clasicismo de Jaca y el influjo de Conques (1094-1101). Gelmírez fue nombrado obispo en el año 1100. En 1102 expulsó de la catedral a los monjes de Antealtares instaurando un cuerpo de 72 canónigos, 7 de los cuales eran cardenales.

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Estos breves apuntes históricos son necesarios para entender la arquitectura y la escultura de la cabecera de la catedral, sus dos atípicas puertas (La "puerta santa" de acceso a la comunidad de Antealtares y la "puerta de la vía sacra" utilizada como acceso para los peregrinos del camino francés hasta que se edificó la puerta norte del transepto o puerta francígena)

La obra iniciada por el obispo Diego Peláez no llegó a completar las tres capillas iniciales de la girola, de las que se inició su fábrica y también de parte de sus muros intermedios, aunque las capillas no se concluyeron hasta la segunda campaña, ya bajo la dirección del maestro Esteban, que aportó un evidente arte jaqués a la escultura de esa zona.

A ambos lados de la capilla central dedicada a san Salvador encontramos los dos capiteles fundacionales del templo, labrados para esa ocasión. En ellos se nos muestra a los comitentes del templo: el rey Alfonso VI y el obispo Diego Gelmírez, respectivamente. Su situación y la lectura de las filacterias que los señalan se muestran en la imagen 5. Manuel Castiñeiras, en referencia al hecho de que ambos comitentes se muestren flanqueados por ángeles, señala que “estos personajes a los que se rinde memoria comparten la gloria de la Jerusalén Celeste. Ambas escenas, situadas en la capilla donde se iniciaron los trabajos de edificación y se colocó la primera piedra, parecen aludir a las formas litúrgicas del rito de la dedicación”. También hace mención a la escultura de cabecitas aladas de ángeles como parte de este rito, detectado en otros templos. (Un paralelismo con esta simbología se da en la iglesia de San Pedro del castillo de Loarre en un capitel de su cabecera en que dos ángeles flanquean a las figuras que representan a Sancho Ramírez y al obispo de Jaca en clara copia del capitel de Jaca señalado por D. Simon como representación de Moisés y Aarón en alusión al rey Sancho Ramírez y al obispo García. También en esa cabecera loarresa aparecen las cabecitas angélicas aladas indicadas por Castiñeiras.)

Sorprende la situación de estos capiteles porque podríamos esperar que estuviesen enfrentados en ambos extremos del arco de embocadura de la capilla de san Salvador. Probablemente el que muestra a Alfonso VI se ubicó en la cabecera en señal de su poder real, mientras que el dedicado al obispo Peláez fue orientado hacia el interior de la girola, zona por la que accedían los monjes del monasterio de Antealtares por la Puerta Santa (Imágenes 1 y 5).

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También señala Castiñeiras, al igual que otros autores como Nodar, que lo mostrado en los capiteles de esta cabecera traduce un programa iconográfico dirigido tanto al monarca como a los monjes. Al primero se le advierte del peligro de la soberbia. La iconografía de la ascensión de Alejandro (capitel 23) y las consecuencias derivadas de las "mujeres del agua" o sirenas-pez (capitel 27) van en ese sentido. Estas simbologías derivan, según los mencionados autores, de la interpretación del "pseudo-Calístenes", texto del siglo III referente a la vida de Alejandro Magno en donde se indica que el episodio de su ascensión se produjo agarrándose al cuello de "dos grandes aves blancas" y no a dos grifos, como señala la narración más extendida. De ese modo la advertencia va encaminada a prevenirlo de que se creyese un nuevo Alejandro Magno. También en el pseudo-Calístenes se señalan a las sirenas ("mujeres del agua") como las tentadoras de los hombres de Alejandro. Las advertencias a los monjes de Antealtares se materializan a través de imágenes del castigo de la lujuria, de la fábula de la zorra y el ave, o de imágenes del bestiario como criticas a los vicios.

Hay un capitel exterior en el vano situado sobre la puerta santa que es una clara advertencia acerca de la desobediencia de los monjes o de la herejía (29a). En el mismo vemos a una persona vestida con hábito cuya cabeza está siendo devorada por dragones. Es un tema iterativo que el profesor Guesuraga señaló en templos del sur de Francia como Toulousse y también en Loarre. Señala Guesuraga que la aparición de esos motivos, previniendo contra el vicio de la simonía, pueden caracterizar como gregoriano al programa iconográfico en el que se encuentran. El castigo dirigido contra la cabeza del personaje nos transmite que es con ella, con su inteligencia, con lo que pecó.

La influencia del estilo jaqués, llevada a Compostela a través de Esteban, es patente en buena parte de los capiteles de esta cabecera y además el detalle trascendente de la presencia de pitones jaqueses, como firma del taller del maestro de Jaca, viene a confirmarlo. Así podemos verlos en los capiteles 2, 10, 13, 14, 26 o 36. El pitón jaqués, pitón de ángulo o gros piton como lo definió Gaillard, se difundió a lo largo del Camino de Santiago como señal de prestigio del taller del maestro de Jaca. En 2018 lo identifiqué con la espiga floral del acanto. Hasta Jaca ningún escultor románico había labrado ese detalle en los capiteles corintios.

Con la deposición y exilio del obispo Diego Peláez tras el concilio de Husillos de 1088, entre los años 1088 y 1093 se produjo la disolución del primer taller de la catedral y el consiguiente parón en las obras. La llegada a Compostela en el año 1095 del obispo cluniacense Dalmacio permitió retomar las obras, al tiempo que la sede episcopal fue trasladada desde Iria Flavia hasta Compostela. Entre 1088 y 1090 encontramos como titular de la sede al obispo anticanónico Pedro de Cardeña, nombrado en el mismo concilio de Husillos donde se depuso a Peláez. El papa Urbano II declaró nulo lo acontecido en Husillos y ordenó restituir a Peláez, declarando la sede vacante desde 1094.

Hacia 1094 o 1095 comenzó a trabajar en Compostela un taller aragonés que conocía lo que se estaba haciendo tanto en Jaca como en Pamplona. Bajo el obispado de Dalmacio se retomaron las obras del programa que ya había señalado Diego Peláez para la totalidad de la catedral. La influencia aragonesa, además de en Compostela, se dejó notar en otros templos como la catedral de san Martino de Mondoñedo. Castiñeiras apunta hacia el nombramiento por el rey García II de Galicia de los obispos Peláez y Gonzalo, de Iria y Mondoñedo respectivamente, y la buena relación entre ambos obispos como un factor para explicar la arquitectura lombardista de la cabecera de Mondoñedo y el estilo loarrés de los canecillos del alero de la nave. En 1096, cuando se inició la edificación de Mondoñedo, la ayuda de Peláez (exiliado en el reino de Aragón de Pedro I) puede ser la causa de esos detalles con matices aragoneses. Otra evidencia de ese taller itinerante es la planta pentagonal de la capilla dedicada a santa Fe (así como la simétrica, dedicada a san Andrés) realizada siguiendo lo existente en la catedral de Pamplona donde trabajó Esteban entre 1083 y 1115. En 1102 la capilla de santa Fe fue consagrada por el obispo de Pamplona Pedro de Rodez, antiguo monje de santa Fe de Conques.

La vieira, como símbolo de la peregrinación a Compostela se generó hacia el año 1100.

Gelmirez fue consagrado obispo de Compostela en 1101 dando origen a una nuevo momento histórico en el cual rompió con todos aquellos con los que se había enfrentado, como Peláez, Esteban e incluso con el rey de Aragón, Pedro I, por cuyos dominios no se atrevió a transitar cuando viajó a Roma para ser consagrado subdiácono (1100) o para recibir el privilegio del Palio (1105) por miedo a ser capturado. Moralejo, citado por Castiñeiras, señala que fue en esos viajes cuando Gelmírez obtuvo ideas para, al modo de Roma, crear las columnas entorchadas, el baldaquino de plata o diversos motivos escultóricos semejantes a los vistos en el sarcófago dionisíaco del siglo III donde reposan los restos del papa Dámaso. En ese sarcófago existen motivos semejantes al hombre cabalgando un gallo o al sonador de olifante entre leones. (Esta idea es sugerente y da pie a pensar que otro tanto pudo suceder cuando Sancho Ramírez viajó a Roma en 1068 de donde pudo traer, al igual que Gelmírez, ideas escultóricas de las copia existentes en Romas del sarcófago de la Orestíada para labrar en la catedral de Jaca capiteles con escenas clásicas )

En 1105 -1106 fue consagrado el altar mayor de Santiago y las capillas menores. En 1107 fue consagrada la capilla de san Nicolás, la más septentrional del brazo norte del crucero. Gelmírez fue consagrado en 1120 arzobispo de Compostela y legado papal por el papa Calixto II. Gelmírez murió en el año 1140, cuando las obras no habían concluido el séptimo tramo de la nave principal de la catedral. El maestro Mateo realizó su obra, cerrando a poniente la catedral, entre los años 1168 y 1211

 

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BIBLIOGRAFÍA:

CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. (2009) La catedral de Santiago de Compostela (1075-1122) obra maestra del románico europeo, en "Siete maravillas del románico español". Fundación Santa María la Real. Aguilar de Campoo, Palencia p. 229-289.

-(2010) Didacus Gelmirius, patrono de las artes, El largo camino de Compostela: de periferia a centro del románico, en "Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez" p. 32-97. Xunta de Galicia.

 

NODAR FERNÁNDEZ, V (2004), Los inicios de la catedral románica de Santiago. El ambicioso prograa iconográfico de Diego Peláez. Xunta de Galicia

- (2011), Imágenes para el príncipe, imágenes para el monje: Función y decoración de la cabecera de la catedral de Santiago de Compostela (1075-1101). Codex aquilarensis nº 27, p. 39-54

 

GUESURAGA MARCHADOUR, R. (2010 Y 2011). Los hombres con la cabeza devorada por dragones, una posible representación de los cleros simoníacos en la escultura románica, en "revista Románico", nº 11 y 12, p. 24-31 y 6-15.

 

SIMON, D. (2001) A Moses capital at Jaca, en " Imágenes y promotores en el arte medieval. Miscelánea en homenaje a Joaquín Yarza Luaces", Bellaterra, Universidad Autónoma de Barcelona, pp.: 209-219.

 

WILLIAMS, J. (2008), ¿Arquitectura del Camino de Santiago?. Quintana nº 7, p. 157-177.


Huesca;16 de abril de 2022

Antonio García Omedes

de la Real Academia de San Luis


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