LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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JAVIERRELATRE: REFLEXIONES SOBRE EL ORIGEN DE SU PARROQUIAL


La parroquial de Javierrelatre fue dedicada a San Salvador, aunque en el XVIII fue cambiada por la de los Santos Reyes Magos. No es sino una más de las transformaciones que ha sufrido el templo a través de la historia. Los detalles generales del mismo los señalo en su correspondiente página web.

A comienzos del verano de 2012 he vuelto a Javierrelatre para recoger sus marcas de cantero y estudiar lo que ellas me puedan transmitir. De entrada, antes de empezar a recoger las marcas, el exterior de su ábside nos muestra sin duda que hay dos fases edificativas. Las hiladas inferiores hasta casi el comienzo de los vanos están edificadas con sillares de hechura poco cuidada y mal ajustados. Más adelante veremos que además carecen de marcas de cantería.

Esa fase precoz creo que corresponde a un templo anterior al actual que debió de ser iglesia castrense de un conjunto religioso-militar cuyo desaparecido castillo ocupó la altura en que hoy se halla el cementerio, a unos 40 metros a poniente de la iglesia. Es un hecho bastante habitual que la iglesia castrense se sitúe en un plano ligeramente inferior al de la fortaleza. Todavía a día de hoy, la zona situada al norte del conjunto cementerio-iglesia, se le denomina "trascastiello".

José Garcés, desde la revista de la Asociación de Amigos de Serrablo recuerda que Senegüé, Sabiñánigo y Ara (además de Javierrelatre) poseían fortalezas con sus respectivos tenentes, articuladas para defender la línea del río Gállego.

Sobre el mapa señalo esos lugares, además de la situación de Jaca y San Juan de la Peña, centros neurálgicos del incipiente reino de Aragón. También el castillo de Cacabiello, del que quedan ruinas sobre la orilla derecha del tajo que el Gállego hace en la sierra de la Peña en el punto en que es represado. A la vista del mapa, creo que debió de completarse esta línea con otra fortificación entre Javierrelatre y Cacabiello, probablemente en Anzánigo o en el entorno de Centenero, zona de gran interés dado que está próxima a la embocadura del valle del río Garoneta con lugares tan señalados como San Juan Bautista de Rasal o Bentué de Rasal, o el propio castillo de Loarre, que dista poco más de tres kilómetros den línea recta de ellos.

Aramendía documenta a Fortún Garcés como tenente de Javierrelatre entre los años 1058 y 1062. El cartulario de Fanlo, citado por Ángel Canellas, sitúa a Fortún Garcés como tenente en Nocito (1038-1049) y en Senegüé (1067). La Gran Enciclopedia de Aragón, lo sitúa también como tenente en Cacabiello (1056) con lo cual empieza a tener coherencia la defensa de esta zona de la frontera del Gállego.

Entre 1062 y 1072, Ubieto Arteta lo ubica como tenente en Calahorra, ya lejos de esta zona que debió de quedar en retaguardia, pasando la importancia de la línea defensiva a Loarre, Sarsamarcuello, Murillo, Agüero...

Con este preludio asentando la importancia defensiva del lugar y el antecedente castrense del templo, volvemos los ojos a sus marcas de cantería en el cilindro absidal y vemos que se agrupan en una franja horizontal que coincide de modo notable con el espacio ocupado por los tres vanos jaqueses. Por debajo de los vanos (espacio amarillo situando el cursor sobre la imagen) los sillares corresponden a la fase castrense del templo que por motivo que desconozco (ruina, incendio, destrucción bélica..) fue continuado con un estilo del románico pleno asimilable a lo que en ese momento se está haciendo en Aragón: Jaca, Loarre, San Juan de la Peña o Iguácel.

El estilo de los vanos es jaqués, sin duda. Pero yo acotaría más la semejanza con los vanos de la cripta del castillo de Loarre, por ser aspillerados, más defensivos que los diáfanos vanos de Jaca. Además, al interior no fueron decorados con capiteles basas y columnillas; como en Loarre.

Por encima de los vanos, los sillares son cuidados y ajustados; pero ya no reciben marcas. Corresponde a la fase de edificación de la bóveda absidal.

He recogido en el templo 25 marcas de cantero diferentes. 77 signos en total, de los que 54 los he situado al exterior y 23 al interior. Tres de ellos ("cruz", "E" y "aspa") acumulan el 65% de los signos recogidos.

Hay un hecho diferencial con todas las marcas de cantería vistas en Aragón, e incluso en el resto de los edificios románicos que conozco, y es la perfección con que labran algunas de las marcas, alisando primero el sillar y rehundiendo esa superficie como preparación para esculpir delicadamente sus símbolos únicos. Ello ocurre con las marcas que señalo por medio de los números 8, 4, 9, 11, 12, 13 y 14. Son marcas únicas de una delicadeza tal que más parecen bocetos de escultura. Todas, salvo la 14, se hallan al interior

En la vista lateral norte del templo muestro la distribución de las marcas halladas y su identificación numérica para identificarlas en la tabla superior. La zona donde aparecen es también la zona media del templo, al igual que hemos visto en el cilindro absidal. En el resto de la nave desaparecen, probablemente por ruina y posterior reedificación, o por un acabado debido a canteros diferentes, menos especializados.

Al interior se mantiene la tónica de hallar las marcas de cantería en un registro horizontal de la zona absidal media como puede advertirse en la imagen bajo estas líneas. La zona señalada en amarillo al situar el cursor sobre la imagen corresponde a lo restante del templo primitivo castrense.

La frecuencia de las marcas así como su numeración coincidente con la tabla mostrada más arriba, la ofrezco en la tabla adjunta bajo estas líneas.

Hay un detalle edificativo de los vanos absidales que ha llamado mi atención. Al exterior, su estilo Jaqués/Loarrés es innegable. Al interior hay un matiz, como es el hecho de que el medio punto que enmarca el capialzado de la derrama, no ocupa media circunferencia, como sería lo lógico. En vez de apear en importa como primera pieza de la jamba recta, lo hace en una imposta pentagonal, con forma de cuña en su cara superior (resaltada en amarillo en la imagen inferior). La dovela clave posee una doble estereotomía, adoptando forma de cuña tanto en el plano frontal, como en el plano inferior para adecuar el vano al semicírculo absidal. En fin, algunos detalles que señalo y que quizá puedan hacernos apuntar hacia algún tipo de constructores muy específicos que orgullosos de su trabajo dejaron marcas absolutamente distintas a todo lo visto.

Bajo estas líneas muestro una comparativa entre tres capiteles con el motivo del águila frontal de alas extendidas. Son de Javierrelatre, Iguacel y Loarre. Creo que la coincidencia va más allá de la casualidad, al igual que la semejanza entre otro capitel del exterior de Javierrelatre y uno de los ábsides de San Juan de la Peña.

Y si todo esto fuese poco, el canecillo del demonio mordiendo los dedos de un pie, que ya hace tiempo estudié y publique como la posible representación escultórica de una peste medieval: "el fuego del infierno o de San Antón" o ergotismo, documentado por primera vez hacia 1039 en el Languedoc; lo que añade datos y misterio a la escultura de este ábside. Posiblemente todos los datos en conjunto nos puedan apuntar hacia sus constructores.

En 1095 se fundó la orden de los canónigos agustinianos Hospitalarios de San Antón, repartidos por todo el camino de Santiago para atender a los afectados por "el fuego del infierno". Llevaban la cruz de San Antón en forma de "tau" de color azul sobre la zona pectoral de su hábito negro.

En fin, templo maravillosos que nos permite conjeturar gracias a mirar despacito a sus detalles, a sus marcas de cantero, a su escultura. Todo ello lo sitúa en origen en la frontera del Gállego desde donde se reconstruye en clave de románico pleno por geniales escultores que no renunciaron -a pesar de la regla de San Benito- a dejar sus elaborados símbolos en sus piedras.


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