LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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-BOTAYA. MONASTERIO DE SAN JUAN DE LA PEÑA (Cont)-



UTM 30T 691309 4708954 1096 m.

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Acceso rápido a las distintas zonas del Monasterio

En la primavera de 2009 he vuelto una vez más a san Juan de la Peña. La verdad es que no hace falta una gran excusa para volver al lugar donde el tiempo parece detenerse. Este monasterio es uno de los lugares tan ligados a nuestra historia como Reino que la estancia entre sus muros es un verdadero privilegio. Pero es que además tenía una buena excusa para hacerlo. En Loarre me he topado en un capitel con el profeta Habacuc mientras era llevado por un ángel a Babilonia para alimentar a Daniel a quien por segunda vez se había confinado en el foso de los leones (Ver pagina de Habacuc en Loarre). En la iglesia alta de San Juan de la Peña, se esculpió ese mismo pasaje del Antiguo Testamento y a pesar del daño sufrido por la escultura, Habacuc sobrevivió al cincel del siglo XVII dando testimonio evidente de que la escultura del templo alto de San Juan de la Peña y de Loarre fueron hechas prácticamente al mismo tiempo y probablemente por la misma mano (Ver pagina de Habacuc en SJP).

El reino de Aragón, de la mano de Sancho Ramírez, se halla en pleno periodo de consolidación y expansión. Reino itinerante con tres referentes: una Catedral (Jaca), un Panteón (San Juan de la Peña) y un Castillo (Loarre). San Juan de la Peña, recuperado de lo profundo de la historia eremítica se adecua al gusto de Cluny al igual que el referente que es Jaca y su inmediata consecuencia que es Loarre. Estamos hablando de las dos últimas décadas del siglo XI y probablemente 1080 sea un referente válido para situar este momento; para datar la reforma de la iglesia superior del monasterio, la escultura de Loarre y quizá también la pintura de las cabeceras del antiguo templo mozárabe pinatense dedicado a los santos Julián y Basilisa. Estamos hablando del momento en que se añadió un claustro con escultura de la que apenas quedan algunos capiteles arcaicos. Más tarde, avanzado el siglo XII, un genial escultor de influencia soriano-silense decoraría el claustro que hoy podemos disfrutar.

Es el momento adecuado en el que encajan motivaciones, circunstancias y fechas. Creo que no pueden desvincularse unas de otras.

La cabecera del templo mozárabe se decoró con unos frescos que muestran escenas del martirio de los Santos Cosme y Damián, árabes y médicos, víctimas del tirano Lisias y del martirio por crucifixión de ambos. Se atribuyen al círculo del maestro del Panteón de San Isidoro de León. A pesar del notable estado de deterioro debido a la humedad existente en su excepcional soporte, se conserva en suficiente cuantía para hacernos una idea clara de su elegante estilo. Tonos blancos, amarillos, azules intensos, granates, negros, rojos y un verde muy poco prodigado en esta época componen una variada gama cromática. Toda la superficie de la cabecera debió de estar decorada, si bien hoy solo podemos ver la realizada en los intradoses de sus arcos triunfales (geométrica) así como en algunas zonas de las bóvedas y separación entre ambas cabeceras. No queda prácticamente nada en la zona frontal de ambas cabeceras.

La cabecera del lado del evangelio es la que mejores restos conserva. En ella se plasmaron escenas del martirio de los santos Cosme y Damián, hermanos gemelos nacidos en Arabia a principios del siglo IV. Estudiaron medicina en Siria. Vivieron en Aegeae en la bahía de Alejandría (Cilicia). Lisias el gobernador de Cilicia ordenó su arresto y martirio por profesar la religión cristiana. Milagrosamente sobrevivieron tanto a la hoguera como a la crucifixión. Las piedras y flechas arrojadas contra ellos se volvían contra sus agresores y finalmente murieron decapitados. Sus restos fueron conducidos a Siria y sepultados en Cirrhus. Ambos son patronos de médicos y cirujanos.

Así, pues vemos que en la bóveda de la cabecera del lado del evangelio se plasmaron los tormentos dados a estos santos-médicos. Separados por una doble línea verde y granate, hallamos en el lado interior una escena en la que ambos son quemados en la hoguera, mientras que en el lado exterior se muestra su crucifixión. La escena del tormento en la hoguera es la mejor conservada de toda la cabecera. Ambos mártires se hallan sobre una base de troncos ardientes entrecruzados. A sus lados sendos esbirros están en actitud de añadir uno de ellos materia inflamable y el otro de avivar el fuego con un fuelle detalladamente representado. A ambos lados de la escena, al nivel de los santos, sendas parejas de sayones identificados por cartela como "MINISTRI" en el lado derecho, atizan el fuego con pértigas y tenazas.

A un nivel más elevado en el lado izquierdo se halla Lisias, gobernador de Cilicia, cuyo rostro ha desaparecido; pero no así su cartela identificativa. Sobre las cabezas orladas de nimbo de ambos santos aparecen tituli con sus nombres: "COSMA" y "DAMIAN?" (La abreviatura representada por "?" equivale al sufijo "US"). Ambos santos elevan sus manos hacia el cielo representado por un doble semicírculo rojo y amarillo, como si fuera la zona inferior de una mandorla en la que se suele mostrar a Cristo en Majestad en esta época. En los ángulos superiores, dos ángeles los confortan. Es destacable la fealdad deliberada mostrada en el rostro del sayón que vierte material inflamable a la hoguera. Sus afeados rasgos y torva mirada quieren representar un perfil depravado, necesario para colaborar en la persecución de los santos. Es la representación del mal. Un antiguo "retrato psicológico".

La técnica empleada en estas pinturas, su elegancia, la sensación de movimiento que transmite el conjunto sobre todo por la forma de elevar sus brazos los santos, nos sitúan ante un pintor excepcional en el panorama de la pintura románica española muy lejano del hieratismo o de los convencionalismos de lo visto en otras muestras pictóricas románicas. En los laterales de los muros de la cabecera también hubo pinturas pero apenas quedan vestigios, sin embargo hay que fijarse en lo que queda de una figura con nimbo situada bajo un arcosolio sobre capitel. Está a la altura de la ventanita mozárabe que comunica ambos altares junto a la cabecera plana formada por la roca. La expresión de su mirada esta perfectamente lograda y el trato dado a su vestimenta es muy cuidado. Probablemente se trate de San Cosme y a su lado iría San Damián, ambos ya glorificados por el martirio sufrido a manos de Lisias.


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