El interior del templo, cuando se accede por primera vez
al mismo, sorprende y desconcierta si no se tiene en cuenta los avatares edificativos que ya he mencionado.
En la imagen 1, que muestra el interior
de la nave central hacia la cabecera advertimos que hay dos niveles, ocupando la cripta el inferior. Pero probablemente
en el templo que se edificó no llegó a haber cripta a pesar de que así lo
plantean los maestros
lombardos que lo iniciaron fabricando sus vanos en el ábside. Al variar la obra, y hacerse según
los modelos al uso en el reino de Navarra es probable que aquí hubiera un gran espacio sin divisiones en
altura.
Y debió de ser durante el obispado de San Ramón
hacia 1125 cuando se edificó la cripta
La bóveda central (S XIII, reconstruida en el XVIII)
se cubre con medio cañón apuntado, segmentado por fajones y bóvedas de arista las laterales
(S XII).
La estructura del templo se resuelve a base de tres naves
de cuatro tramos articuladas por medio de dos pares de recias pilastras exentas (Imagen 2) sobre las que voltean
formeros y fajones de hechuras tardías, al igual que la bóveda. El primero de los tramos simula amplio
presbiterio, por cuanto que se cegó la comunicación con los laterales; pero como se advierte en la
cabecera de la imagen 1, el presbiterio, como es habitual en el modelo lombardo es atrofiado
y apenas se señala por la segunda rosca ante la bóveda de cuarto de esfera.
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Las criptas ocupan la cabecera y los dos primeros tramos de la nave en la norte,
cabecera, primer tramo y medio del segundo en la central y cabecera y primer tramo en la sur, en una extraña
disposición escalonada de su longitud en planta, condicionada por los cambios en la edificación del
templo.
La cripta norte, la veremos más adelante, fue usada como archivo, depósito
del aceite de la catedral y lugar de guarda del tesoro. En cuanto a la central, edificada por San Ramón,
la verdad es que pasa desapercibida en su estructura, eclipsada por la belleza del sarcófago del santo obispo,
el cual desnivela en su favor el tiempo que se dedica a "ver la cripta". Los tres arcos de acceso a sus
tres navecillas son modernos. Dentro, cinco parejas de pilastras exentas conforman otros tantos tramos que cubren
con bóvedas de arista a base de sillarejo reforzadas con fajones y formeros de finas dovelas. Las pilastras
son toscas. Unas de sección rectangular, octogonales otras e incluso alguna redondeada. Sobre ellas capiteles
de sencilla hechura, con algún motivo geométrico que pasa también desapercibido. Abren en
la cabecera dos ventanales derramados y aspillerados, que veíamos al exterior.
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Entre el acceso a la
cripta central y norte, que se realiza
a través de un arco moderno rebajado se ha creado un espacio en el que se
sitúa la pila bautismal, gallonada
(Imágenes 4 y 5).
La nave norte es cortita, de poca altura y oscura, Acabada
en su correspondiente ábside (Imagen
6). A ella abre a los pies del segundo tramo,
la portada que comunica con el claustro.
En cambio, la nave sur, aparenta mayor altura, dado que el
espacio que debió de haber sido cripta no es sino una división moderna, plana y muy baja (Imágenes 7, 18, 19 y 20). Vemos en esta extraña cripta que los lombardos que la iniciaron dejaron el arranque de
triples pilares, pues su proyecto, como es habitual en este estilo, hubiera sido voltear bóvedas de arista
en su cubierta. Pero no se llegó a hacer.
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El altar mayor está sustentado por cuatro bellas tallas románicas
a modo de cariátides, representando a sendos ángeles que portan los símbolos del
Tetramorfos
(Imágenes 8 y 9). Estas
viajeras tallas estuvieron en su momento sirviendo de base al sarcófago de San Ramón; pero antes
estaban en el lugar en que se han vuelto a situar.
En el lado sur del cilindro absidal central, una deteriorada talla románica
de San Juan (Imagen 3); que
formaba parte de un Calvario, cuya imagen de Cristo fue quemada en la Guerra Civil. No corrió la misma suerte
todo el templo, porque fueron convencidos los milicianos de que el claustro con su aljibe, serviría de abastecimiento
de agua, en caso de asedio.
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A los pies de la nave, en su lado sur, Los objetos de San
Ramón: silla de tijera (fragmentada tras su robo por "Erik el Belga"); sandalias, guante y mitra
(Imágenes 11,13 y 14).
También su sudario y la pieza de lino en la que estaba
envuelto el cadáver (Imagen 15). En un pequeño expositor en la nave norte, se halla una alargada
tira finamente decorada que adornaba el sudario del santo obispo. A la misma pertenece la imagen 12, así
como la que encabeza la primera de las páginas de este trabajo.
Según reza la etiqueta identificativa: "Anónimo. Siglo X-XI. Lino de fondo con ligamento de tafetán
y seda para la cenefa. Tafetán del lino y punto de tapiz. 172 x 172 cm. Anchura máxima actual 23, 5
cm.".
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Sobre estas líneas, el aspecto original de la silla
de San Ramón antes de ser expoliada y troceada. La imagen procede de «Historia
del Mueble" de Luis Feduchi, editorial Blume y me ha sido gentilmente remitida por Víctor Gomollón. Los fragmentos recuperados se han colocado
en su posición original, supliendo lo faltante con formas similares de metacrilato (Imágenes 11 y
13).
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A los pies de la nave, y en un espacio ganado y añadido
al último tramo del templo, se halla el órgano (imagen 17).