Roda de Isábena es otro de esos lugares a los que
hay que volver mucha veces para intentar conocerlos en toda su amplitud. Y siempre que se vuelve se capta un nuevo
matiz, o un rincón aún no visitado que te obligan a seguir profundizando en su historia y a replantearte
lo que hasta entonces creías entender.
El 2 de Septiembre de 2003, aprovechando mis vacaciones,
volví acompañado de mi mujer y mis hijos. Visitamos el pueblo, su Catedral y por supuesto, comimos
en el refectorio adosado al claustro, lo cual es un verdadero lujo para los amantes de este arte.
Tuve la suerte de que mosen José María Liminyana
estuviese en el despacho parroquial y que nos acompañase a visitar la capilla de San Agustín; bello
y desconocido lugar fuera de los circuitos turísticos. El mosen me transmitió sus ideas de recrear
el espacio que ocupaba el antiguo hospital, en el ángulo entre la capilla de San Agustín y el ala
este del claustro, lo cual le proporcionaría espacios para zona museística que descongestionara la
Catedral, a la vez que se podría incluir San Agustín en la visita guiada. Se quejaba con discreción
e intensidad de "lo lejos que esta Zaragoza" y de la poca respuesta a sus solicitudes de permisos para
llevar a cabo sus proyectos...
A pesar de la "lejanía" de la capital, sabiendo
la trayectoria y personalidad del mosen, sé que lo logrará.
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La capilla de San Agustín, ubicada en el ángulo
del ábside norte con el claustro, (ver
planta) fue en inicio la iglesia de la fortificación
aquí existente, antes de que se construyese la Catedral (Imágenes 1 y 2).
Son bien visibles en lo que resta de su muro sur, fragmentos
de "opus spicatum" (Imagen
1) acreditando su notable antigüedad.
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El templo fue de bastante mayor longitud que lo que
ahora
se nos aparece; pero la construcción del claustro, y en concreto de la Sala Capitular, acabaron con la mayor
parte de la nave. El cilindro absidal, muy alto, recuerda vivamente en su función de " tambor de muralla"
y en sus hechuras a los ábsides de la iglesia de Santa María en Muro de Roda. Posee un ventanal de doble derrama bajo el alero, y a buen seguro de que hubo otro
aspillerado iluminando la porción inferior del ábside, que seguramente haría funciones de
cripta.
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A la zona superior de la arcaica iglesia se accede mediante
un inestable paso de maderamen y chapa que arranque a la izquierda de la entrada al comedor del claustro desde
el exterior y mediante un vano moderno abierto en la cabecera norte de su nave, permite el acceso a la misma (Imagen 2).
Al interior, resta la cabecera, compuesta de cilindro absidal
centrado por el ventanal descrito y cubierto por cuarto de esfera, estrecho presbiterio cubierto de medio cañón,
así como la primera parte de la nave, interrumpida por la edificación de la sala capitular (Imágenes 3 a 5). La edificación original es de sillarejo y por encima del presbiterio el material es de
estrechas lajas, al igual que la bóveda, probablemente fruto de alguna restauración ulterior.
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Lo bello de este lugar son los restos de las pinturas que
en su momento decoraron sus muro, y de las que hoy queda una pequeña muestra. Suficiente para hacernos idea
de la calidad de las mismas y de su artífice (Imágenes
3 a 11).
Hubo un Pantócrator rodeado de ángeles y
Tetramorfos,
del que no resta sino apenas la mandorla. En el cilindro absidal, a ambos lados del ventanal y enmarcados por
policroma
arquería, hubo cuatro figuras de Santos orladas con nimbo, de las que solamente una está en buen
estado de conservación (Imágenes
6 y 7 y 11). En el intradós presbiterial,
también hubo seis imágenes, de las que la única aceptablemente conservada es la recogida en
la imagen 8, correspondiente a su lado norte. Su cronología estimada corresponde al S XII.
La hechura de estas pinturas, la soltura y simplicidad de
sus trazos que sin embargo crean imágenes muy bien definidas, llevó a relacionar éstas con
el llamado "Maestro de Tahull". Estudios posteriores, en cambio, las relacionan con el "Maestro
de Pedret" vinculado a San Ramón; por haber sido quien decoró la catedral de San Licerio de
Coserans, lugar de procedencia del Santo ("Las Catedrales de Aragón"; 1987. Manuel Iglesias Costa).
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La parte inferior del templo, a nivel del suelo actual, es visible a través
de una verja (Imagen 10). Se
ha saneado su interior, conservando in situ bajo el nivel del suelo y por delante de un absidiolo en el espesor
del muro, un recipiente cuadrangular en arenisca que según Liminyana podría ser una pila bautismal
utilizada en ritos por inmersión. Comoquiera que el lugar no es el esperado para este rito, el mosen opina
que pudo estar allí antes que el templo, formando parte de una edificación de aún mayor antigüedad...