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-MURILLO DE GÁLLEGO-(Cont.)- |
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La escultura al interior de la iglesia superior se circunscribe a los capiteles, sus ábacos e impostas del ábside central y a los dos torales anteriores; puesto que los dos posteriores carecen de escultura en sus cestas. Es notorio señalar ya desde este momento que los capiteles situados en altura, correspondiendo con una fase más avanzada de la edificación, son de hechuras muy toscas; en especial si los comparamos con la labra exquisita de algunos de la cripta o de la zona inferior del ábside de la iglesia superior.
Como era de esperar, los capiteles y canecillos que encontramos al exterior del templo, tanto los que sustentan la cornisa como los de los vanos del ábside central, son coherentes con estos que vamos a ver en su interior
Comenzando por el toral norte, recorreremos los capiteles desde nuestra izquierda hacia la derecha, como es habitual en mi modo de trabajar. En primer lugar un llamativo capitel con cinco arpías que sujetan en cuclillas una cuerda alrededor de sus garras (Imagen 1). Este motivo se repite en uno de los capiteles exteriores del vano sur del transepto (Imagen 22).
En el lado norte de la cabecera encontramos la lucha de un ser alado y un dragón/serpiente también alado de doble cola. Probablemente alusivo a San Miguel, clavando su lanza al maligno (Imágenes 2 y 3). Luego, una escena de la Epifanía. en la que aparecen en pie y con ofrendas dos Reyes magos en la cara lateral, en la central, el tercero, genuflexo ofrece su presente al Niño que se halla en brazos de la Virgen, bajo la estrella que los ha guiado. El la cara lateral se halla San José (Imágenes 4 y 5). La decoración esquinera de este capitel en la zona donde debía de haber volutas, luce motivos vegetales estilizados, que veremos repetidos en otros capiteles, tanto del interior como del exterior
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Ya en el lado sur del ábside central, y sustentando el fajón que delimitaábside de presbiterio, hallamos un capitel que muestra a Cristo en Majestad carente de nimbo, sentado en silla de tijera de la que sobresalen sus extremos -decorados con leoncitos los superiores- con un libro abierto sobre su rodilla izquierda y bendiciendo con la diestra. Dos ángeles en las caras laterales del capitel, sujetan la mandorla. Lo excepcional de esta composición radica en que la mandorla es de índole claramente vegetal, surgiendo de la misma brotes que acaban en flores estrelladas hacia el interior de la mandorla o en otros que la enmarcan en los cuatro cuadrantes. Semejante hechura a base de roleos y flores es empleada en el ábaco (Imágenes 6 y 7)
En posición más adelantada en el presbiterio sur, hallamos un capitel con dos parejas de grifos (Imagen 8) que rapiñan una pequeña bestia (Imagen 9). Su estilo es más elegante que los anteriores y en este caso si que hay volutas en vez de roleos vegetales. Uno muy semejante veremos en el lado norte del nivel inferior. Probablemente este capitel, al igual que el mencionado y los de la cripta sean de la mano de un escultor/taller más aventajado que el resto.
Ya en el formero sur, dos leones enfrentados sujetan con las garras tallos vegetales retomando la decoración de las cestas vistas en otros capiteles (Imagen 10).
Los tres vanos en del ábside central recibieron media docena de capiteles de muy similar factura. En todos hay un personaje en cada cara libre sujetando filacteria, con la única diferencia que en el central, son ángeles alados quienes aparecen (Imágenes de la tira 11). Semejante decoración recibieron los vanos de los transeptos. El del lado norte se halla oculto tras un retablo, pero el sur es visible.
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En el nivel inferior del ábside central encontramos otros seis capiteles decorando las tres grandes arcadas que lo articulan. Su hechura denota la mano del escultor de la cripta y de algunos de los grandes capiteles ya vistos. Comenzando por nuestra izquierda, de nuevo vemos el tema de los grifos rapiñando una presa -aparentemente un cerdito- con sus cabezas vueltas sobre el lomo y enmarcados por motivos vegetales realizados con gran alarde escultórico (Imágenes 12 a 14) que me evocan a los motivos vegetales delicadamente labrados en los ábacos de la Sala de Doña Petronila en Huesca
Luego unas sirenas-pájaro en posición frontal con las alas extendidas (Imagen 15), un capitel estrictamente vegetal de delicada labra (Imagen 16) y otro historiado narrando el combate entre dos seres monstruosos: el centauro sagitario y la arpía (Imágenes 17 y 18). En el detalle podemos advertir que el centauro ha alcanzado con una de sus flechas a la arpía en el ojo derecho atravesando su cabeza. Este capitel, al igual que la mayoría, ganaría mucho si se despojara de las capas de pintura que lo envuelven y ocultan
A continuación dos aves que entrecruzan sus cuellos para picotear sus patas (Imagen 19) y otro con motivos de botones florales delicadamente esculpidos bajo un ábaco de no menor calidad, que de nuevo nos remite a la sala de Doña Petronila en el Palacio Real de Huesca (Imágenes 20 y 21)
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Hay un motivo escultórico que se repite en Murillo tanto al interior, en capitel toral, como al exterior, en transepto sur (Imágenes 1 y 21). Se trata de una arpía, cuyo modelo, elegantemente esculpido y acabado creo que se encuentra en el ábside sur de Santa María la Real de Sangüesa (Imágen 23). La escultura muestra a un personaje alado femenino de largos cabellos, desnudo y en cuclillas, con un lazo alrededor de sus tobillos del que tira con ambas manos. En vez de pies encontramos garras.
La postura, en líneas generales está tomada de las imágenes románicas clásicas de los ballesteros tensando su mortífera arma como podemos ver en relieve incrustado en lateral de la portada de platerías de Santiago de Compostela. El ballestero era representación de mal. Y su "estilo" lo hereda la arpía, reforzando así su carácter maligno.
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La arpía de Sangüesa forma parte de la escultura del ábside sur del templo, que es diferente a la del resto del mismo, Ya en los otros dos ábsides podremos rastrear con claridad la obra del Maestro de Santa María de Uncastillo, y en la nave capiteles del Taller de San Juan de la Peña; pero en el ábside norte, el estilo es jaqués. Leones, grifos enfrentados, capiteles vegetales... y la arpía. Es un estilo de hacer cuyo modelo es jaqués y me atrevería a relacionarlo con la obra del escultor del capitel del sátiro (que también posee arpías), que Prado Vilar estima que trabajó en el claustro hacia 1105-1110 constituyendo una generación siguiente a la del Maestro de Jaca.
El modelo para Murillo debió de estar en Sangüesa. Se admite que la edificación de su cabecera, en la que trabaja el Maestro de Uncastillo oscila entre 1135 y 1150; por lo que esta escultura del ábside norte habría que encuadrarla en su primera fase.
La consagración del templo de Murillo se establece en 1110 y probablemente represente la consagración de la iglesia inferior, dado que la superior fue concluida bastante más tarde, a tenor de lo visto en la escultura. No creo descabellado considerar un intervalo entre 1120 a 1140 para enmarcar la conclusión de la cabecera alta con sus capiteles.
En ese tiempo se incluye el reinado de Ramiro II (1134-1154) y es posible que escultores intervinientes en la parte alta de Murillo decorasen también la sala de Doña Petronila, dada la semejanza de los grandes botones florares de los ábacos.
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En fin, que cuando se visita un templo, la contemplación y comparación de sus elementos con los vistos en otros de su entorno originan un montón de hipótesis que merece la pena considerar.