LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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SAN GIL DE LUNA - OBRAS DE MICROPILOTAJE Y EXCAVACION ARQUEOLÓGICA.

UN ENIGMA QUE EMPIEZA A DESVELARSE


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Vengo siguiendo las obras de restauración de la iglesia de San Gil de Luna desde el año 2002. De esa fecha son mis primeras fotografías (Imagen 2) en las que se advierte la existencia de un andamiaje para acceder a las cubiertas para impermeabilizarlas y reponer tejas. Ya para entonces se había actuado al interior y se había cubierto la solera del templo con una capa de cemento, que ha sido muy criticada por sellar y ocultar el suelo original y los enterramientos allí existentes y que va a ser retirada en la actuación en curso en este año de 2019. Tras esas actuaciones se situaron testigos en grietas existentes en cabecera, muro de cierre, etc., testigos que con el paso del tiempo se han roto o han caído por el aumento de las grietas del templo (Imagen 3). En un principio se barajaron diferentes posibilidades para explicar la aparición de las mencionadas grietas como el aumento de peso en la cubierta o el empuje de la capa contínua de la solera de cemento al interior del templo hasta que un estudio geológico realizado en 2007 por la Cátedra de Petrología y Mineralogia de la ETSI de Minas de Madrid trajo a primer plano la verdadera causa geológica de los problemas de la iglesia de San Gil de Luna.

El problema radica en que el templo está asentado sobre una superficie de piedra arenisca aparentemente sólida pero bajo la cual existen capas de terreno más blando a modo de hojaldre, que por acción de las aguas de filtración van perdiendo materiales por arrastre debido a lo cual la capa superficial en la que asienta el templo queda sin apoyo, se inclina y fractura perdiendo material en el extremo que da al talud sobre la carretera. El esquema de la imagen 4 es muy demostrativo de lo que he descrito. Esta situación es evidente a la vista de la fractura del estrato y de la pérdida de parte de las sepulturas antropomorfas excavadas en la roca situadas entre el lado norte del templo y el talud cuyos fragmentos han rodado por el mismo.

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En 2019, ya tomada conciencia de la importancia del templo como primer ejemplo del estilo hispano-languedociano traído desde la Provenza en el tiempo en que Alfonso II -primer monarca de la Corona de Aragón- ostentaba el marquesado de la misma, así como la trascendencia de los dos maestros que trabajan en el templo decorándolo con una magnífica escultura (uno de los cuales es el admirado maestro de Agüero o de San Juan de la Peña) se han iniciado actuaciones dedicadas a estabilizar el terreno a fin de impedir la progresiva deriva y pérdida del estrato que soporta el peso del templo. Gracias a la constancia de la Asociación Banzo Azcón, el decidido apoyo del ayuntamiento de Luna así como la insistencia de quienes -como el Dr. García Lloret o yo mismo- hemos clamado por la relevancia de este ejemplar único de la arquitectura tardorrománica, en la primavera de 2019 han comenzado las obras destinadas a frenar la progresión de las mencionadas grietas del templo que comprometen su estabilidad a corto-medio plazo con evidente riesgo de colapso.

La imagen 5, de primavera de 2019, muestra junto al templo la maquinaria con la que se realizan las labores de micropilotaje para consolidar y estabilizar la placa en la que asienta el templo con los estratos inferiores. En esta actuación también se saneará el terreno circundante para evitar filtraciones de agua bajo ese estrato y por supuesto se va a llevar a cabo una adecuada prospección arqueológica a cargo de Carmen Marín Jarauta que esperamos nos proporciones resultados de cara a aumentar el conocimiento de la historia de este enclave.

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La imagen 1, que encabeza este texto nos da una idea clara de la causa de los problemas de la iglesia de San Gil. Es una imagen activa y colocando el cursor sobre la misma aparece señalado en color rojo el zócalo perimetral del templo y con una línea amarilla el estrato sobre el que sus constructores lo asentaron. Los sillares inferiores del zócalo están directamente apoyados en la roca, pero las labores de retirada de los estratos superficiales para detectar y posicionar las abundantes sepulturas existentes llegando hasta la roca base, hicieron aparecer la verdadera causa del problema que no es otra que una tremenda grieta consecuencia de la fractura y desplazamiento del estrato superficial. A esta grieta ya la conocemos como "la falla de San Gil" y el testigo metálico de más de dos metros con que se prospecta su profundidad se hunde por completo en la misma. Las imágenes 6 a 9 la documentan. La imagen 8 ampliada señala por medio de flechas el extremo fracturado del estrato, que se prolonga hacia poniente del templo en una gran longitud.

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La imagen 10, de detalle del apeo del muro occidental del templo sobre el plano rocoso, aparte de poner de manifiesto la gran grieta nos da un detalle importante y es que quienes edificaron el templo ya se toparon con la existencia de esta fractura del terreno. Podemos ver a la derecha la zona inferior del zócalo asentada sobre el extremo derecho de la capa fracturada, mientras que a nuestra izquierda vemos que tuvieron que colocar varia hiladas más de sillares para alcanzar la capa fracturada situada a un nivel notablemente inferior. En la zona central correspondiendo con la grieta, la imposibilidad de asentar sillares sobre esa zona la resolvieron rellenándola con ripios aglutinados con cemento de cal.

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Como ya he indicado, es muy abundante la existencia de sepulturas alrededor del templo (Imágenes 11 a 14). Muchas de ellas son antropomorfas y están labradas directamente en la roca. Otras, donde hay suficiente capa de tierra, se delimitaron mediante losas verticales. La arqueóloga las detectó para señalarlas, cubriéndolas de nuevo para que las labores de micropilotaje no las afecten. Una vez consolidado el estrato se llevará a cabo la campaña arqueológica sobre las mismas y sobre todo el entorno del templo.

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La imagen 15 corresponde a la portada norte del templo ante la cual se ha extendido una capa de tierra sobre geotextil para protejer las tumbas existentes a fn de que pueda circular la máquina que perfora y micropilota. Los testigos marcados con color rojo indican las zonas donde perforarán y colocarán una red de micropilotes de doce metros de profundidad (el material está delante de la puerta) para consolidar el estrato y detener su deriva.

Durante las labores preliminares de excavación aparecieron dos dovelas junto al muro occidental ante la portada del mismo. Una de ellas posee una delicada labra que le proporciona perfil de baquetón con rebaje semicircular en su extremo libre, idéntico al que vemos en la portada norte en la arquivolta más próxima al tímpano. La imagen 16 la documenta, así como indico en ella la identidad con las de la mencionada portada. Además apareció junto a ella otra dovela, sin labra. Ambas llevan marca de cantero. La primera un aspa y la segunda una línea rematada por dos puntos.

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En mi trabajo dedicado a esta templo he señalado que en su diseño original debió de haber contado con un tramo más, como indico en la planta hipotética de la imagen 17, inferior. Por motivos que nos eran desconocidos, la obra se interrumpió una vez edificada la cabecera y los muros laterales del primer tramo, dejando la obra sin cubrir la nave y el templo abierto a poniente. En un momento posterior se edificó la bóveda, no de crucería como probablemente fuese en el primitivo diseño, sino de medio cañón apuntado añadiendo además un nuevo fajón apeado en ménsulas cistercienses. A la vez, se cerró el templo a poniente poco más allá del segundo par de pilastras dobles hispano-languedocianas. Las marcas de cantería de los sillares de ese muro de cierre son mayoritariamente cruces muy toscas y aspas, marcas que prácticamente no existen en el resto del templo. Además los sillares están trabajado de modo muy basto, a pico, ya sin el acabado fino de los sillares del resto del templo porque fue un cierre inesperado y precipitado. En octubre de 2017 llevé a cabo una recogida exhaustiva de las marcas de cantería del templo recogiendo un total de 2.901 marcas (descargar trabajo en pdf). En ese estudio, las marcas "aspa" y "cruz tosca" son las que predominan en el muro de cierre ("Aspa": 186 marcas; 13 al interior, 20 al exterior y 5 en bóvedas. "Cruz tosca": 341; 115 al interior, 66 al exterior y 97 en bóvedas).

A la vista de la gran grieta localizada, representada como una linea roja en la imagen 17, superior, es lógico pensar que el proyecto del templo original se viera interrumpido por este motivo. Como el edificio se comenzó por la cabecera -como es lo habitual-, hasta que no llegaron edificando hasta ese punto, no fueron conscientes del problema. Para ese momento estan acabados la cabecera y los muros laterales hasta la pareja posterior de semicolumnas dobles, pero no la bóveda de ese primer tramo. Se paró el proyecto inicial y se decidió cerrar a poniente con el muro que contiene la portada occidental y que lo realizan prácticamente en su totalidad dos grupos de canteros que dejan sus marcas en él en sillares apenas trabajados a pico (aspa y cruz) atestiguando esta circunstancia.

Queda otra incógnita por despejar y es el motivo por el cual la portada del templo por la que accedemos hoy al interior del mismo se situó al lado norte. Creo que en el proyecto inicial la portada principal del templo debió de abrir en el muro occidental, como es lo habitual en el románico, y que si hay portadas en muros laterales suelen ser secundarias para acceder al claustro o al cementerio. En los casos en que la portada abre a norte -los menos- suele haber motivos geológicos o la existencia de núcleo poblacional en esa dirección. No es así en San Gil, donde esa portada norte se realizó abriendo el muro y mutilando un capitel alargado para lograr una entrada en el lugar menos apropiado para hacerlo. ¿Por qué no se abrió en el muro sur que está orientado al núcleo poblacional y es de mejor acceso? pues quizá porque había edificaciones anejas al templo que lo impidieron. No se me ocurre otro motivo. La arqueología puede darnos justificación a esta duda.

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Vamos ahora con otro asunto que no había considerado antes. Me refiero al tímpano de la portada norte que nos muestra una escena de la vida de San Gil. Lo habitual era considerar que la piedra se hallaba erosionada y de ahí la mala calidad de la escena presentada, pero a la vista de esa premura en concluir el templo por las circunstancias geológicas que aparecieron a los constructores bajo la forma de una gran e inesperada falla en el terreno, toma cuerpo la idea de que ese tímpano tampoco fue acabado y que se colocó en su actual posición sin acabar de esculpirse.

En la imagen 18 vemos que la escena solo transmite el "bulto" de los personajes y de la vegetación. En la imagen 19, de detalle del lado derecho, se puede advertir que se comenzó a labrar el detalle de la cota de malla de los soldados pero el resto está repicado y sin trabajar. Creo que ese tímpano no llegó a acabarse, y no es un caso excepcional, porque en la iglesia de San Miguel de Daroca pasa algo muy parecido como podemos ver en la imagen 20. Si uno lee los textos referentes a San Miguel de Daroca, dicen que el tímpano esta´"desgastado", pero cuando se analiza de modo crítico es evidente que está tan solo comenzado a labrar y que se perfilaron las figuras de mandorla y tetramorfos pero no se esculpieron sus detalles. Creo que ambos casos, San Gil de Luna y Daroca, son ejemplos de tímpanos que por el motivo que fuese no llegaron a acabarse y se colocaron de modo apresurado en el lugar donde hoy se hallan.

Junto a ello, el hallazgo de dos dovelas de portada no utilizadas deja en el aire la duda de si se trata de un "exceso de producción" o si la portada para la que se diseñaron estaba prevista de mayor amplitud y sobraron piezas. Quizá las piezas de la actual portada sur fueran pensadas para otra portada mayor y que al colocarse aquí, sobrasen... Muchas dudas, pero sin duda tras algunas de ellas está "la falla de San Gil".

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Huesca; 5 de junio de 2019

Antonio García Omedes

de la Real Academia de San Luis


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