LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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EPIGRAFIA ROMANA EN UN CANECILLO DE JACA


Lo bueno de volver una y otra vez sobre temas aparentemente ya vistos y conocidos es que de modo casual puedes detectar detalles que habían pasado desapercibidos. Ahora a lo casual lo definen como "serendipia" y algo parecido me ocurrió en junio de 2012 cuando "se me apareció" el zodiaco de la catedral de Jaca mientras buscaba marcas de cantero, también en este engendro de ábside central derribado y rehecho entre 1791 y 1972 sobre y con los materiales del primitivo ábside románico, a mayor gloria de fray Manuel Bayeu.

Pues bien, ahora que de nuevo se nos permite circular por la provincia, he vuelto mi teleobjetivo hacia los canecillos de la catedral de Jaca para disfrutar de una serie de pequeñas maravillas escultóricas que debido a su altura nos suelen pasar desapercibidas. Primero, claro está, me he dedicado a tomar imágenes de aquellos que muestran escultura interesante y luego, para completar el estudio de los 455 canecillos del templo, he fotografiado también los lisos que aunque poseen menor interés son relevantes para poder presentar un trabajo completo.

El 22 de diciembre de este infausto año de 2020 volví a Jaca para fotografiar los canecillos del lado norte del ábside central, los del lado norte de las naves desde el claustro y repetir algunos de los cuales deseaba mejorar la imagen. La mayoría son lisos, aparentemente sin mayor interés, pero como ya digo, en aras de tener completo el material los fui fotografiando todos de modo rutinario en una fría mañana de diciembre.

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Como en tantas otras ocasiones me ha sucedido, no me di cuenta de que había fotografiado algo "raro" hasta que trabajando todos y cada uno de los canecillos de esa mañana vi en uno de ellos unas letras sobre su superficie lisa. Para tomar conciencia de dónde está el canecillo del que hablo, lo he situado con un cuadrado amarillo en la toma general del ábside central, desde su lado oriental y desde el lado norte del mismo (Imágenes 1 y 4). Corresponde al identificado con el número 72 en la imagen que abre esta página en la que posiciono y numero todos los canecillos sobre una planta del templo.

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En el lateral este del mencionado canecillo he podido ver dos letras y el arranque de una tercera (Imágenes 2 y 3). Están cinceladas con cuidado y elegancia y corresponden con las "mayúsculas cuadradas romanas", empleadas entre los siglos I y III en inscripciones realizadas en edificaciones monumentales y tumbas. En la imagen 3 he volteado el canecillo para ver mejor esas letras. En la imagen de la derecha las he repasado con trazo amarillo para su mejor comprensión y para ver que el arranque de la tercera letra ("T") corresponde en estilo y altura con las dos precedentes. Por debajo de las letras hay un resalte, también señalado, enmarcando el conjunto.

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Bien, hasta aquí la parte descriptiva del "cómo, qué y dónde". A partir de esa identificación la hipótesis que de inmediato me vino a la cabeza es la de un reaprovechamiento de lápida funeraria romana, basado en el estilo de letra y en la probabilidad de que las dos letras visibles y el inicio de la tercera compusieran la palabra "EST". En los monumentos funerarios romanos una forma frecuente de señalar el lugar de inhumación era la fórmula "HIC SITVS EST" a continuación de los datos del difunto como nombre, edad, oferentes, etc. La imagen 5 (tomada en la red del British Museum) es una muestra de lo que digo sobre la que he señalado en cuadrado amarillo la semejanza con lo visto en el canecillo jaqués: "E", "S", inicio de "T" y reborde inferior del encuadre.

Estamos ante un fragmento de lápida funeraria romana reutilizado como canecillo, lo cual abre nuevas hipótesis como ¿cual es la procedencia de la lápida? y ¿cuándo se reutilizó como material edificativo?. Creo que el momento de ser reutilizada ha de fijarse entre los años 1791 y 1792, en que el cabildo dio la aprobación para derruir el ábside románico (según figura en el libro de gestis fue el 24 de mayo de ese año) y como fecha tope la de 1792 señalada junto con la firma de fray Manuel Bayeu en las pinturas que decoraron la nueva bóveda absidal. La mayor longitud del nuevo ábside implicó que los canecillos recuperados del primitivo no fuesen suficientes y ello les obligó a tallar nuevos canecillos lisos que situaron preferentemente en los laterales absidales (mayormente en el lado norte, menos visibles) dejando la prioridad a los originales que poseían motivos escultóricos, que se colocaron a partir del señalado con una flecha roja en las imágenes 1 y 4. Cualquier material disponible podía ser utilizado como elemento edificativo, tanto los sillares del viejo ábside románico (reutilizando incluso los símbolos zodiacales), fragmentos de columnas, etc. Una lápida romana debió de parecer un buen material para tallar canecillos. A fin de cuentas era una losa perfecta a ese fin.

Una cuestión pendiente es la procedencia de esa lápida. Lo normal es que no haya que ir muy lejos a buscarla. Probablemente el origen sea una necrópolis romana de las inmediaciones de la catedral. Consulté a la arqueóloga Julia Justes que ha excavado las necrópolis del entorno de la catedral de Jaca, entre varios otros lugares en la ciudad y me confirmó que efectivamente es un fragmento de lápida funeraria romana. Hay noticia de que el epigrafista y arqueólogo alemán Emil Hübner a finales del XIX vio y transcribió el contenido de una lápida funeraria (desaparecida) encontrada en la iglesia de San Pedro el Viejo, junto a la catedral, alusiva a Minicia Procula cuya epigrafía era "MINICIA PROCVLA-AVIAE ET SIBI S.P.F." que no coresponde a lo encontrado por lo que ha de ser otra diferente.

Habrá que repasar los canecillos lisos para ver si hay más piezas del puzle. Jaca sin lugar a dudas, es una contínua caja de sorpresas en la que es imposible colocar -afortunadamente- el punto final.

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Huesca; 24 de diciembre de 2020

Antonio García Omedes,

de la Real Academia de San Luis


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