En la intersección de la nave central con el crucero, sobre los cuatro
arcos torales del transepto y mediante trompas que permiten el paso del cuadrado al octógono, se elevó
una original bóveda de media esfera, reforzada con cuatro arcos
de medio punto, que apean en la mitad de cada uno de los lados del octógono sobre modillones de rollos de
tradición mozárabe. (Imagen 1)
Autores como Gómez Moreno, apuntan el hecho de no haber en nuestro entorno
precedentes de este tipo de construcción; y que habría que volverse hacia el área bizantina
para hallar algo similar.
Por otra parte, es la bóveda más antigua del románico español;
la primera que se elevó, lo cual aumenta su valor por la ausencia de modelos previos. En ella se tomó
modelo para cerrar la torre de la parroquial de l´Ainsa.
En las imágenes 2 y 3, se ilustra el interior del ábside central, renovado a parir de 1790, tras derribar
el original para ubicar un coro trasaltar, argumentando humedades y filtraciones.
La reforma y decoración la llevó a cabo el
cartujo fray Manuel Bayeu y Subías,
a quien corresponde la decoración pictórica de su bóveda y muros, realizada entre mayo y octubre
de 1792, según indica y firma en la cúpula.
Representa en la cúpula a la Santísima Trinidad, rodeada de santos
y coros angélicos; y en los paramentos verticales, escenas de la vida del titular de la catedral: San Pedro.
Las imágenes 4 y 5 muestran las naves hacia los pies del templo, apreciándose los pilares cruciformes con
semicolumnas adosadas y los cilíndricos, sobre los que debían de haber apeado las cargas de unas
bóvedas que no llegaron a cubrirse en piedra.
El actual cerramiento de crucería, del XVI, está perfectamente
integrado en el conjunto de la fábrica.
Su construcción permitió la apertura de seis vanos a cada lado
de la nave mayor; lo que aumentó la luminosidad; muy escasa como es habitual en las iglesias románicas;
las cuales precisaban (según las limitaciones constructivas de la época) de grandes paramentos verticales,
sólidos y sin aperturas para poder soportar las tremendas cargas de las bóvedas de piedra.
Más adelante entrarían en escena atrevidos, constructores con el arco apuntado como paradigma,
que a base de aristas y contrafuertes consiguieron encauzar el empuje de las bóvedas a través de
zonas concretas de los paramentos, permitiendo el vaciado de los espacios que no influyen en la conducción
de fuerzan hacia los cimientos; situando en ellas grandes ventanales y bellas vidrieras.
Estamos hablando del gótico, como expresión de libertad y apertura en lo constructivo.
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No puedo pasar por alto el recomendar encarecidamente la lectura de un libro:
"Los pilares de la tierra" de Ken Follett.
En esta novela, "Pilares", un apasionado del momento, nos sitúa en medio de los cambios, tensiones y convulsiones
de la época; y nos hace comprender, desde el punto de vista de quien la edifica, a la catedral en general.
Os aseguro que tras leerlo, contemplaréis templos y catedrales de otra forma.
En lo alto del pilar de la imagen 5, se aprecia un curioso capitel, ampliado en la imagen
6, en el cual da la sensación de que las bolas jaquesas, se transforman
en cabecitas, al descender la vista por él.
Grandes capiteles de corte clásico, como el de las imágenes
7 a 10, se interponen entre arcos formeros y pilares cilíndricos
o cruciformes.
Algunos de los capiteles, como el de las imágenes
8 y 9, se elevaron a su situación actual, sin haber sido acabados;
reflejando los parones constructivos y tensiones habidas en el reinado del primero de los Ramírez; y las
intrigas familiares del tandem rey-condesa-obispo.
En el capitel de la imagen 8, bajo las volutas, se sitúan margaritas, iguales a las que adornan el crismón
de la "Porta Magna"
El bello capitel de corte clásico de la imagen
10; es el único que he visto exento rematado en sección
circular.